“Colombianos y venezolanos somos más parecidos de lo que creemos”

Andrea Escobar es la directora de ‘La educación que nos une’, una herramienta multiplataforma que busca hacerle frente a las consecuencias que el Covid-19 puede tener sobre la educación de los niños, niñas, jóvenes y adolescentes en el país, bien sean colombianos o migrantes. En esta entrevista, Escobar habla de los retos, perspectivas y oportunidades del sistema educativo colombiano.

Si tuviera que explicarle a alguien que no sabe de qué trata ‘La educación que nos une’, ¿cómo lo haría?

Como dice su nombre, nos une. Es un proyecto que nace inspirado cuando empezamos a sentir toda esta condición del aislamiento social, lo que significaba repensarse el sistema educativo. Así nace ‘La educación que nos une’, un proyecto de impacto colectivo en el que están unidas más de cincuenta organizaciones, entre ellas USAID y ACDI/VOCA. Lo que tenemos como propósito en este colectivo es generar y encontrar los mejores contenidos para ayudar a los directivos, docentes, cuidadores y padres de familia en lo que significa no permitir que el tejido social alrededor de la escuela se rompa. Que ese proceso de enseñanza y aprendizaje continúe en estos tiempos de aislamiento social, porque no podemos permitir que en un país como el nuestro, donde los niveles de deserción son tan altos, nuestros niños, niñas, jóvenes y adolescentes se desconecten del sistema educativo. Esto lo estamos haciendo a través de diferentes canales: la página web (www.laeducacionquenosune.co) y a través de contenido radial (cápsulas informativas con una premisa específica).

Muchos de los niños que hacen parte del sistema educativo colombiano son migrantes o hijos de venezolanos radicados en el país, ¿qué mensaje hay para ellos en términos de integración educativa?

Creo que esto trasciende el tema de la migración. Nos afecta a todos y no distingue nacionalidades. Hace unos meses nuestra conversación era muy sobre cómo apoyamos a un público y cómo apoyamos al otro. Lo que ha pasado con la pandemia es que todos estamos en el mismo nivel de desventaja, si bien hay unos que tienen más facilidades que otros. ¿Por qué? Porque hay herramientas que trascienden la condición de migrante o no migrante en el sistema educativo. El ejercicio de la conectividad en Colombia no está resuelto ni el de los computadores. Hay condiciones que afectan aun más y recrudecen la situación. Yo a los padres y cuidadores venezolanos les diría que no se preocupen, todos estamos en las mismas condiciones e intentando resolver la situación. Pero lo poderoso es que nos hemos unido desde la solidaridad como país y hay herramientas, hay caminos, hay contenidos. El Gobierno nacional dispuso el portal Colombia Aprende con ochenta mil recursos gratuitos. Y hoy en día también se dispuso que desde cualquier dispositivo móvil se puede entrar a esa página, sin cobro. Pero también está la página de ‘La educación que nos une’ con ideas, herramientas, tips, contenidos. Entonces, no están solos, no estamos solos. Lo lindo y positivo de toda esta situación es que nos ha hecho repensarnos el valor de la familia, de las conexiones, de estar juntos y cómo salimos adelante como un equipo. Somos un mismo pueblo sin importar la nacionalidad y estamos unidos en esto y juntos salimos adelante.

¿Cómo ajustarnos a este difícil momento que estamos viviendo? ¿Qué pueden hacer las familias para sobrellevar este instante histórico?

Para todas las familias quiero decirles que el miedo es normal. Nos acompaña a todos, por esta situación desconocida, llena de incertidumbre alrededor del futuro, qué pasará después, las afectaciones económicas. Esto nos ha puesto a todos en un escenario muy complejo, donde las emociones están sobre la mesa y donde lo más importante es no permitir que nuestras emociones sean las que nos hagan tomar decisiones. Entonces, mis recomendaciones son: planear los tiempos y la organización de los espacios en casa, porque esto nos va a permitir que se pueda conversar. Hay unas reglas y unas normas, para que no vayamos a cruzar unas líneas delicadas que tenemos que prevenir a toda costa como lo son el maltrato y la incomodidad de compartir este espacio, en un tiempo cuya única oportunidad para salir adelante como país es estando en casa todos juntos. Hay que priorizar quiénes tienen que trabajar desde casa, quiénes estudian. Hay una frase que siempre hemos escuchado: “la educación empieza en casa”. En estos momentos ha cobrado una especial relevancia cuando tenemos que tener conversaciones, arreglar la casa, cocinar, ver una película, leer un cuento en familia. Estas son grandes estrategias para tener espacios de encuentro. No todo tiene que ser la clase formal con el maestro. Todos los procesos que nos permitan estar en constante actividad mental e interacción son muy importantes. También es vital generar un canal de diálogo con los maestros, así sea una llamada, un chat, buscar espacios de conexión para que pase el proceso de enseñanza y aprendizaje.

¿Cómo es la conversación que están teniendo con los profesores que, en su día a día, inventan todo tipo de estrategias para seguir conectados con sus estudiantes?

Siempre hemos hablado de la dignificación de la labor docente, pero creo que por primera vez estamos comprendiendo como sociedad cuál es esta labor. En el momento en que tenemos a los niños, niñas y jóvenes en casa comprendemos lo difícil que es que presenten atención, que se concentren y hagan la tarea, ahí es cuando decimos “cuál es la magia del profe, cómo lo logra”. Estamos en estos momentos creando nuevas relaciones entre el profesor, el estudiante y el padre de familia. Esto ya cambió y cambió para bien de nuestros maestros. Quiero decir que son unos héroes sin capa que realmente se están inventando este juego con las herramientas que tienen. Es muy importante que se sepa que el mayor porcentaje de profesores en Colombia superan los sesenta años. Entonces, cuando tienes una población que se tiene que cuidar mucho más, hay una variable: no han importado las condiciones de distancia, ellos están encontrando el camino. Bien sea llamando a sus estudiantes por teléfono, mandándoles un chat, apareciendo videos pregrabados, mandando notas de voz, etc. Como dicen los maestros: “que mis niños no se desconecten”. A eso quiero invitar a todos, colombianos o venezolanos: no permitan que sus niños, niñas, jóvenes y adolescentes se desconecten del sistema educativo. Así solo sea una hora diaria de trabajo, pero no podemos permitir que se desliguen porque el día de mañana ese día de trabajo será mucho más difícil de reponer y el proceso de aprendizaje no se puede parar. Entre todos, digamos: gracias, profe, por su paciencia, por su dedicación e innovación, pero, sobre todo, porque realmente conocen más a los niños que en sus propias casas.

¿Cuál es la labor de los profesores para generar una integración de los niños venezolanos en el tejido social colombiano?

Hay un reto muy grande: no porque tú estés en otro país significa que tú tienes que aprender únicamente la cultura de ese país. Hay un concepto muy interesante que es el de ciudadanía global, que a veces lo malinterpretamos. Cuando tú estás en otro país el reto más grande, claramente, es respetar la cultura, lograr entender qué agrede y qué no agrede, cómo son esos códigos de comunicación. Pero eso no es igual a que vayas a perder tu esencia, tu raíz, lo que te hace a ti esa historia de vida, ese árbol genealógico, por qué eres y quién eres. Eso es lo más bonito que están trabajando todos estos maestros, sobre todo en frontera, que es el conectar a estas dos culturas desde sus puntos de diferencia y los puntos en común, para comprender que desde la diferencia también nos conectamos. Esto pasa por las actividades de comprender por ejemplo una lectura, qué significa para ti una palabra y qué significa para el otro. Desde ahí construir esa nueva realidad, ese nuevo colectivo. Pero lo más importante es aprender desde la diferencia y cómo podemos convivir cada uno. Colombia se ha caracterizado por ser un país donde nos acostumbramos a que éramos los que nos íbamos. Ahora, en estos momentos, lo que hemos aprendido es que también recibimos. Ese ha sido un gran aprendizaje, porque en otros países nosotros nos logramos acomodar y nos logramos meter en esas otras culturas. El reto ahora es entender cómo esos otros llegan a la nuestra. Además, colombianos y venezolanos somos más parecidos de lo que creemos. Lo que tenemos es que aprender a no desdibujarnos, para convivir y compartir desde las diferencias al igual que desde las similitudes.

Desde ‘La educación que nos une’, ¿cómo se está trabajando para cerrar la brecha digital que puede entorpecer los procesos educativos de los más vulnerables?

Antes hablábamos de las tecnologías y lo único que se nos ocurrían eran plataformas digitales, asumíamos que para salir adelante tenía que ser a través de una súper elegante, compleja y únicamente a través de computadores y tablets. Lo que hemos encontrado en esta situación es que a veces hay que dar un paso atrás para redescubrir canales que hemos tenido y nos han acompañado por muchos años, como la radio. La radio cobra una especial relevancia porque nos acompaña, está con nosotros. Estamos llegando a través de este medio, con un canal que acompaña y que está presente. También el ejercicio de mensajes a través de servicios de mensajería y de SMS nos acompañan, porque no importa el modelo del celular. Han cobrado también especial relevancia los juegos, el papel y el escribir. Estas fueron en su momento las tecnologías más modernas. Entonces, que la barrera de la conectividad no sea una excusa para que no logremos seguir con la vida. Ese es el gran mensaje. Esto es algo que no se ha solucionado en muchos años y no por esta coyuntura se va a solucionar mañana. Lo que yo sí creo y soy una convencida es que sí se está evidenciando una gran brecha, así que no hay más excusas para no cerrarla. Pero, mientras se va solucionando existen otros canales de comunicación.

Según el Informe Nacional de Empleo Inclusivo, los niños venezolanos tienen una brecha gigante con respecto a los niños colombianos, ¿cómo se pueden nivelar a estos niños que vienen y que esta brecha no se transforme con los años en una laboral?

Ahí hay dos condiciones: lo que significa la migración, cuando te estás moviendo de un lado a otro, y el que en sus lugares de orígenes su nivel educativo no es igual o similar al nuestro. Colombia se caracteriza por tener un buen nivel educativo, con currículums territoriales y con ejercicios diferenciados, a través de la autonomía escolar. Tenemos unos derechos básicos, uno estándares y unos marcos nacionales que más o menos direccionan. Pero nuestro sistema siempre se ha caracterizado por ser de un buen nivel, es exigente y tiene buenos contenidos. Hoy en día en la ruralidad existen procesos de enseñanza diferenciados: que tú puedes identificar en los niños y en las niñas en qué nivel están y desde ahí generarles ese contenido. Esas fórmulas ya existen. El reto más grande es lograr que todos estos niños se conecten al sistema e identificar en qué nivel están. Esto empieza por estos padres de familia conectados y preocupados por el aprendizaje, de lo contrario será más difícil que este chico o esta chica que se ponga al día. Este rezago también pasa porque los dejamos muy solos en el proceso del aprendizaje. Tenemos que comprender dónde están las mayores falencias, ¿en matemáticas? ¿Compresión de lectura? Estas son las dos áreas donde usualmente las brechas más se abren y donde más aparecen. Además, hay un reto adicional en las zonas fronterizas: qué significa la evaluación de entrada. Esa evaluación de entrada es para entender en qué nivel está y el reto que le supone al maestro cómo comprender en un salón con varios estudiantes cómo poder ir ayudándole. Es muy probable que a un estudiante de estas características les toque estudiar más, pero acompañado de la familia se puede lograr.

Después de esta pandemia cuando regresemos a la “normalidad”, ¿cuáles son las cosas que tiene que pensar y repensar el sector educativo en Colombia?

Son muchas cosas. Una de ellas es la formación docente. Si bien estamos todos completamente agradecidos de toda esa disposición de los maestros y las maestras en el país, lo que nos ha dejado ver esto es que necesitamos repensarnos la formación de nuestros profesores para que realmente tengan unas competencias de construcción de contenido y de manejo de tecnologías de la información. Necesitamos también conectividad y entrega de dispositivos móviles. Colombia ha trabajado mucho para entregar estos dispositivos a las instituciones educativas, pero nos hemos dado cuenta que no están al alcance de los estudiantes. Entonces, tú los tienes en el espacio del aula de clase, pero cuando llegas a tu casa ya no lo tienes. Esto te servirá para todos los niveles y para ese paso que se da hacia la educación superior y para el trabajo. También se han evidenciado las brechas que existen en cuanto a los contenidos, ¿qué enseñamos en zonas rurales y qué enseñamos en zonas urbanas? Uno de los retos más grandes que tenemos es que a falta de una malla educativa única, pues está en manos de las entidades territoriales. Y las más hábiles y de mayores recursos salen más al paso, mientras que las más pobres están más rezagadas. Tenemos que tener una conversación urgente sobre cómo es esa conversación general en educación en el país y apuntar a una mayor equidad. No podemos seguir con el discurso de los de la ruralidad y lo de la otra Colombia