“El avión despega, incluso con el viento en contra”: Edwin Alvarado.

Edwin Alvarado, junto a esposa, migró a Colombia desde Venezuela. Lejos de dejarse intimidar por la situación, juntos decidieron emprender en el país con todas las de la ley. Así nació Closeando: una tienda online que vende prendas usadas, en buen estado y a precios favorables para cualquiera. Las prendas que no venden, buscan donarlas a quienes más lo necesitan. En la actualidad, proveen nueve empleos. Ocho de ellos a colombianos.

Esta es su historia en primera persona.

Los sueños son los que nos mantienen despiertos, con ganas de vivir y dar el cien, en todo momento. Este es un pensamiento que afortunadamente comparto mucho con mi esposa, Elisa. Gracias a esa convicción, hoy, dos venezolanos, lideramos un emprendimiento en Colombia: Closeando.

La historia se retrocede al año 2010. Elisa y yo éramos dos profesionales empleados en Venezuela. Sin embargo, desde siempre tuvimos esas ganas de surgir y trabajar en cualquier parte de Latinoamérica. Ese año, cuando la situación en nuestro país se fue complicando, decidimos venirnos a Colombia una temporada y tuvimos la oportunidad de continuar vinculados a nuestros trabajos. No obstante, tres años más tarde, fui trasladado, con mi familia, a Uruguay. En este país, Elisa decidió dedicarse a hacer labor social, junto a las otras madres de la escuela a la que asistía nuestro hijo. En medio de sus actividades y salidas, ella se percató que era muy común ver en muchas esquinas tiendas de ropa usada, iniciativa que le llamó mucho la atención.

Cuando en el 2015 se me vence el contrato en Uruguay, teníamos que tomar la decisión de mudarnos, para iniciar nuestro propio proyecto personal, pero sabíamos que regresar a Venezuela no era una opción. Recuerdo que hicimos un listado en Excel de todas las alternativas: Perú, Argentina, Estados Unidos, Brasil, hasta Europa pensamos. Incluimos todos los países, pero ya conocíamos a Colombia, nuestro hijo ya había estudiado aquí y, además, nos habíamos sentido a gusto. Sin pensarlo mucho, nos regresamos.

Desde que llegamos a Colombia, sabíamos que teníamos que emprender. Ambos éramos profesionales, teníamos la experiencia, conocíamos el territorio y habíamos visto, además, que esta idea de las tiendas de ropa usada, estaba siendo tendencia en varios países. Nosotros tomamos la idea, pero le dimos mucha fuerza a lo virtual. Así, en noviembre de ese año lanzamos inicialmente “El Baúl”, una tienda especializada en venta de ropa de segunda en perfecto estado, que, en mayo de 2018, evolucionó a www.closeando.com, la primera tienda online de ropa usada, creada en Colombia.

Cuando estábamos en el proceso de consolidar la empresa y contactar a los distintos proveedores de las plataformas de pagos o logística y transporte, muchas veces nos cerraban las puertas. Nos catalogaron en reiteradas ocasiones como “los locos de la ropa usada”. No concebían la idea de vender ropa de segunda, por internet. A Elisa y a mí, esta situación en contravía de desanimarnos, nos motivaba cada vez más. Creo que cuando al emprender, todo marcha siempre de maravilla, es porque algo no está bien.

Hoy en día nuestra marca Closeando está dirigida a mujeres entre los 18 y 55 años de edad, que más allá de buscar vestirse por moda, lo hacen como un estilo de vida. En la página web hay marcas de lujo a precios únicos y prendas en perfecto estado, gracias al estricto control de calidad que le hacemos. La plataforma pasó de interactuar con 20 mujeres en sus inicios, a hacerlo hoy con cerca de 30 mil colombianas. Además, les damos la oportunidad a otras personas de generar ingresos, vendiendo sus propias prendas. Actualmente contamos con tres empleados directos y seis indirectos, todos colombianos, con la excepción de un desarrollador venezolano.

Antes de la pandemia, habíamos adecuado un espacio en nuestra bodega como un Open House, para aquellas personas que se sentían quizá más cómodas midiéndose personalmente las prendas. Hoy en día nuestro negocio es 100% digital.

A Closeando no lo concebimos simplemente como una vitrina de venta de garaje. Nuestro objetivo es motivar a las mujeres colombianas a que, a la hora de comprar ropa, piensen primero en reciclar y recurrir a las prendas usadas para vestir a sus familias. Queremos con esto transformar la industria de la confección de segunda mano e inspirar a las nuevas generaciones a pensar primero en esta opción, para contribuir a la sostenibilidad del planeta y el cuidado del medio ambiente. Cada vez que compras ropa usada estás ahorrando entre dos mil y tres mil litros de agua.

Nosotros exhibimos los artículos durante seis meses. Si al cabo de este tiempo no se vende, le brindamos la opción al cliente o vendedor, de devolvérselos o donarlos a las fundaciones con las que trabajamos: una es la Mariana Novoa, en el Codito; y la otra, el Centro de Justicia Social. Con ellas hacemos mercados abiertos y vendemos la ropa entre 1.000 y 3.000 pesos, con el fin de darles acceso a estas personas de escasos recursos de contar con algo tan valioso como el vestir. La mayoría de las clientas opta por donar sus prendas, que no pasan el control de calidad de la empresa, pero que están en buen estado.

Yo creo que todos los venezolanos que salimos de nuestro país, lo hicimos con la intención de vivir mejor. Vivir mejor es tener salud, agua, luz y comida. Pienso que la clave está en no dejar nunca de soñar. Eso nos da baterías para ponernos en pie y trabajar todos los días.

Escuchamos por largo tiempo muchos “no”. Llegaban a nosotros voces diciéndonos: “¿Para qué emprender?; vender ropa de segunda no funciona; para qué van a sacar la Cámara de Comercio, si pueden hacerlo sin pagar impuestos”. Hoy agradecemos porque mantuvimos nuestras convicciones intactas y fuimos fieles a nuestro sueño. Si uno quiere emprender y hacerlo en grande, seas venezolano, colombiano o uruguayo, no se pueden evadir las leyes de los países.

Aunque en nuestra vida escuchemos muchos “NO”, debemos siempre sacarles el provecho a estas situaciones, para crecer, fortalecernos y acordarnos que el avión despega, incluso con el viento en contra. Creo que nosotros, de no saber eso, al primer viento en contra hubiésemos cerrado al mes de abrir. Hoy en día seguimos aprendiendo de cada etapa y somos conscientes que aún nos falta mucho más por alcanzar. Pero seguimos creyendo en nuestros sueños.

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