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Fundación Inti, la esperanza para las víctimas de quemaduras en el país

Transcurría el 2014 cuando 3 mujeres decidieron unir sus esfuerzos para afrontar un flagelo que las había tocado a ellas de manera directa o indirecta: las quemaduras de piel. Fue así como nació la Fundación INTI que, desde su creación a la fecha, ha ayudado a más de 200 pacientes sobrevivientes de quemaduras en todo el país.

María Luisa Flores, una actriz y modelo venezolana, es una de las soñadoras que le apostó a este proyecto y habla de la forma en que otras fundaciones las inspiraron para convertirse en esa mano amiga que ayudaría a otros. “INTI nace con nosotras tres como fundadoras, luego empieza a juntarse gente muy interesante que nos ha ayudado mucho. Entendimos que debíamos volvernos autosostenibles. En ese afán viajamos a México a ver una unidad de quemados muy efectiva allá y tuvimos la oportunidad de conocer a la Fundación Michou y Mau que tiene más de 20 años de experiencia, quienes amablemente nos compartieron todos los protocolos de prevención y qué hacer en caso de quemaduras. Por ellos supimos de una fundación en Estados Unidos que se llama Shriners Hospital for Children y comenzamos a trabajar con ellos después de una larga labor de acercamiento”, cuenta Flores.

Estas alianzas le permitieron a INTI ayudar a pacientes no solo con tratamientos en Colombia, sino en los Estados Unidos con el apoyo de Shriners Hospital of Children. “Ellos también mandan niños para que sean tratados sin límites de recursos en su país. De hecho, el año pasado viajó el primer paciente agudo que se fue en avión ambulancia para ser tratado”, asegura Malu, como la llaman de cariño sus amigos.

En Colombia la Fundación INTI provee a sus pacientes y sobrevivientes de quemaduras de cirugías plásticas reconstructivas, prendas compresivas, terapia de láser, fixer, rehabilitación física y terapia psicológica. Todo esto gracias a profesionales que se han unido a la causa para ayudar a quienes lo necesitan.

Pero este proceso no sería posible sin lo más importante: donaciones en dinero o especie, para gestionar cada uno de los requerimientos de los pacientes.

“La fundación consigue recursos a través de eventos que ha venido realizando desde su inicio. Una subasta y varios eventos culinarios, donaciones de particulares que se sienten tocados por la causa, bonos funerarios, bonos de aniversario, incluso apoyo de las fundadoras que hemos puesto trabajo y recursos para atender a pacientes. Ahora estamos empezando a trabajar con un proyecto para conseguir donaciones online de manera recurrente, porque los pacientes quemados requieren cirugías permanentes y a largo plazo. Un paciente puede estar con INTI de tres a siete años, dependiendo de la gravedad de sus heridas”, agrega Malu.

Y es que si bien esta labor de ayudar a otros es gratificante, también afronta retos importantes que desaniman en momentos y hacen pensar si se debe seguir adelante.

“Lo más difícil en el proceso es la consecución de recursos que es un tema duro porque toca trabajar mucho para conseguir donaciones, hay momentos que han sido frustrantes porque no hemos podido hacer cirugías por falta de dinero y le hemos tenido que pedirle a los pacientes que se esperen un poquito mientras conseguimos lo necesario para hacer su tratamiento, eso ha sido doloroso. Aunque INTI ha sido una fundación bendecida, pienso que cuando uno hace las cosas bien siempre aparece un ángel que te ayuda y que te permite salir adelante”, recalca la cofundadora de la INTI. 

Sin duda la ayuda de otros ha permitido que por seis años le hayan ayudado a cientos de pacientes a superar momentos críticos. Hoy en día la Fundación tiene un convenio con el Hospital San Ignacio, donde realizan las cirugías y en donde, gracias a este acuerdo, las tarifas para el uso de las salas de cirugía han bajado mucho, lo que les permite optimizar aún más los recursos.

“Llevamos más de 200 pacientes atendidos, gente de todo el país, del Chocó, Tumaco, Eje Cafetero, Nariño, del Huila, Cauca, Bogotá, de los Llanos, de todas partes del país y ha sido muy gratificante”, resalta María Luisa.

El motor que mueve a la Fundación INTI es esa necesidad de ayudar a otros, aun cuando el ánimo no está arriba, tal y como cuenta Flores: “lo lindo de la fundación es que los pacientes no te dan tregua para soltar. Hay tanta gente que necesita ayuda que uno decide siempre seguir adelante, aunque esté decaído, aunque haya momentos difíciles. A veces coincides con pacientes que no entienden el esfuerzo que hacemos para ayudarlos y creen que es una obligación y eso te desanima; pero a cambio hay otros tres pacientes que entienden lo que hacemos y nos dan fuerzas para seguir adelante para seguir ayudando a las personas sobrevivientes de quemaduras”.  

En octubre 2020 cumplen seis años de haber empezado labores y hay anécdotas que marcan la vida de cada una de sus integrantes. En este caso María Luisa recuerda una que no olvidará: “recuerdo  mucho un caso que nos marcó a todas. Es un chico colombovenezolano que se había quemado en Venezuela, en el estado Zulia. Tenía dos años con las heridas abiertas, porque en Venezuela no le habían podido dar el tratamiento que necesitaba. Lo pudimos traer, la patrulla aérea nos ayudó y nos hizo el vuelo hasta la ciudad de Bogotá. Estuvo hospitalizado en el San Ignacio durante mucho tiempo para su recuperación. Fue un caso complejo porque sufrió mucho tiempo con sus heridas. La tenacidad de él y su mamá nos marcó profundamente, ver esa fuerza de voluntad y ese deseo de salir adelante”.  

En todo ese proceso INTI ha tenido un sueño y es el de ser autosostenible. Es por esto que en la actualidad trabajan para lograrlo, gracias a la construcción de una unidad de quemados.

“En Colombia han un déficit de más de 100 camas y se queman aproximadamente 160 personas todos los días. Para cubrir parte de esta necesidad hoy podemos decir que tenemos un lote que fue una donación que hizo el Parque Jaime Duque a la Fundación Proyecto Unión para construir una unidad pediátrica y dentro de ella estará nuestra unidad de quemados”, cuenta Malu.

“Para nosotros la forma más útil de seguir adelante es la donación, necesitamos recursos para llevar esta labor a cabo, no solo ayudas económicas, también pueden apoyarnos personas que sean psicólogas, que hagan rehabilitación física o terapias que ayuden a mejorar las cicatrices, cirujanos plásticos en otras ciudades que quieran sumarse a la causa, centros médicos que donen salas de cirugía. Así nos pueden ayudar”, concluye Malu.