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Gastronomía sin fronteras

La mirada, al atravesar las mesas, no podría distinguir ninguna nacionalidad. Solo vería una reunión de personas charlando y compartiendo alrededor de dos platos típicos de dos naciones: el tradicional sancocho colombiano y la deliciosa arepa venezolana. Símbolos de unión para la actual crisis migratoria que ha transformado, para siempre, las historias de Colombia y Venezuela, y que se pudieron disfrutar el pasado 5 de septiembre durante el evento del proyecto Grado Harry.

Este proyecto es un programa de la Fundación Ventanas, con el apoyo del Programa de Alianzas para la Reconciliación de USAID y ACDI/VOCA, que busca brindarles una formación en gastronomía básica a personas en situación de vulnerabilidad. Así, a través de cursos cortos de tres meses, y dirigidos por el renombrado chef Harry Sasson, se brindan las herramientas necesarias para integrarse al mundo laboral de los restaurantes.

Justamente, 25 de los estudiantes del proyecto Grado Harry fueron los encargados de preparar el almuerzo colombovenezolano que, entre bocado y bocado, demostró que no existen las fronteras cuando se trata de comer. Esta fusión entre los sabores de ambas naciones se debe a cocineros como la venezolana Ana Kairina que, orgullosa de sus raíces, siempre afirma que no hay nada que represente más a su país que una buena arepa.

Este espacio también fue una oportunidad para que la población venezolana que se encuentra en la Fundación de Atención al Migrante pudiera tener un rato de diversión, charla, integración y buena música. Para el padre Wilfran Oyola, director ejecutivo de la fundación, estos espacios son necesarios para recuperar la humanidad de los migrantes y hacerlos sentir bienvenidos, como si estuvieran en su propio país.