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“La frontera es un espacio de pensamiento”

‘Juntos Aparte, Encuentro Internacional de Arte, Pensamiento y Fronteras’ es una iniciativa de la sociedad civil con carácter cosmopolita, que pone en circulación el potencial del arte y la cultura como modelos de interacción vinculados al contexto fronterizo. Su relevancia radica en la asunción local de un fenómeno global en el que participan artistas y pensadores de todo el mundo en diálogo con la visión artística regional, con propuestas universales viables, transformando una crítica coyuntura histórica en oportunidad para el desarrollo y la convivencia. Exposiciones, talleres, conferencias, audiovisuales, acciones participativas, documentación, investigación y publicaciones, hacen de Cúcuta un epicentro cívico y cultural.

Este es un evento adscrito a la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de América del Sur Bienalsur —organizada por la universidad pública argentina Universidad Nacional de Tres de Febrero—, que actúa en más de 47 ciudades de 21 países como una red transnacional, con una apuesta por el diálogo y la confianza entre los pueblos a través del arte. Tras ser seleccionada en convocatoria mundial entre más de 2500 propuestas enviadas desde 78 países, Juntos Aparte fue ratificada en 2017 como programa permanente de Bienalsur, y posteriormente declarada “Capital BIENALSUR” junto a Buenos Aires en 2019, gracias al impacto ciudadano y mediático alcanzado por esta iniciativa fronteriza.

Este año, y mientras se prepara la edición 2021 de la bienal, Juntos Aparte tendrá semana a semana contenidos a través de su página web juntosaparte.com, sus redes sociales en Instagram, Twitter y Facebook y su canal YouTube. Así irá desplegando materiales para un relato-memoria con las voces de pensadores y artistas aliados, colaboradores locales y del mundo, que han sido determinantes para el avance de la propuesta.

En esta conversación, Álex Brahim, director de Juntos Aparte, habla de esta iniciativa y de su muestra 2020.

El nombre es muy diciente: Juntos Aparte. ¿Cómo fue la génesis de este nombre? ¿Qué se buscó proyectar con él?

Ese nombre viene básicamente del ligamen regional que existe entre el Norte de Santander y el Táchira. Esta siempre ha sido una región históricamente unida por lazos de consanguinidad familiar, por relaciones sociales, culturales, por unos enormes vínculos económicos y comerciales. Y de la noche a la mañana, el cierre de la frontera formalizaba ese concepto de frontera como un espacio de restricción y no simplemente como un espacio de libre tránsito y encuentro.

Luis Miguel Brahim, mi hermano que en paz descanse, y yo creamos esta propuesta. Siempre hablábamos de que el Puente Internacional Simón Bolívar, para nosotros, no era la línea de separación, sino el centro de convergencia. Las líneas de separación hacia el interior de los dos países siempre han sido en realidad la cordillera oriental colombiana y la reemergencia de los Andes a la Altura de Mérida en Venezuela. Esto es un triángulo que está entre el lago de Maracaibo y los dos vértices de los Andes, que quedan prácticamente aislados del resto de los dos países. Entonces, Juntos Aparte, era la idea de: hay una fractura y una separación, pero la unidad que nos define, la unidad que forma parte de nuestro ADN, la unidad que ha sido nuestra identidad y nuestro reconocimiento mutuo como región hermana es algo que no va a diluirse por una separación física o jurídica o por un nuevo estatuto de seguridad.

Por eso nos parecía tan pertinente salir en estos momentos en el que los que el confinamiento social ha permitido de alguna manera que esta se vuelva una experiencia universal y molecular. Todo el mundo ha tenido que tomar distancia respecto a los que han sido sus afines, sus cotidianos, sus ligámenes, sus familias, sus entornos laborales, formativos, etc. Y han tenido que seguir, desde la distancia, trabajando juntos, proyectando cosas, reforzando emocionalidad, vínculos, intereses, a pesar de no poder estar físicamente, a pesar de tener una serie de barreras. Ese es el origen y el concepto de Juntos Aparte y esa es la pertinencia que tiene el hecho de que hoy la pandemia hizo universal el concepto.

Los lugares de frontera suelen tener unas dinámicas particulares, diferentes al del interior de los países. Esto mismo parece darse en la frontera colombovenezolana: que esta línea limítrofe tiene un español, una cultura, un arte y una idiosincrasia particular…

El concepto de Juntos Aparte, que hoy es universal gracias a la pandemia, tiene su origen local en la experiencia de la región norte Táchira. Los que somos y estamos en fronteras en el mundo, estamos juntos aparte, porque hay tres parámetros que se comparten en las regiones fronterizas. Esto es de carácter universal, más allá de las particularidades geográficas, culturales o nacionales.

En primer lugar, siempre hay un rico y un pobre, un favorecido y un desfavorecido. Esto puede ser una historia “más estable”, como puede ser la relación de Europa con el Magreb o la de los Estados Unidos con México; o puede tener un vaivén y un ciclo, como puede ser el caso de Colombia y Venezuela, donde hoy estamos asistiendo a una Colombia que parece más robusta que Venezuela, pero que durante décadas realmente el relato era opuesto.

Lo segundo que nos define es que hay anomalías respecto al orden de las cosas. Es el lugar donde las informalidades, en donde los subterfugios adquieren un peso específico importante y forman parte de la estructura social, cultural y relacional.

Finalmente, el hecho de que la frontera siempre está contaminada por el vecino. Los imaginarios, los paradigmas, las costumbres, los usos sociales, son más cercanos a los del vecino que están al otro lado de la frontera que incluso a los miembros del país que están al interior de la nación.  Digamos que se genera un relato híbrido, que es un punto de fuga al relato nacional hegemónico del centro.

Juntos Aparte resalta la frontera y el arte, pero también el pensamiento. ¿Cómo se vive el pensamiento en las fronteras?

Por un lado, las fronteras hoy por hoy ocupan un lugar importante en la opinión pública. Se ha convertido en objeto de debate intelectual, político, académico, artístico, debido a la crisis migratoria global, de las cuales el caso Siria y el caso Venezuela son sus máximas expresiones. Esto ha generado un consenso sobre el interés y la importancia de debatir el asunto frontera y el asunto movilidad humana, como parte de la construcción presente-futura del mundo.

En este orden de ideas, Cúcuta, que siempre ha sido una ciudad dependiente de las circunstancias fronterizas, pretende a través de Juntos Aparte,  dar un paso firme adelante, un paso robusto, no solo como una frontera que le sobrevive a la crisis, sino como una frontera que puede adoptar una postura propositiva y proactiva frente a la crisis y plantearse a sí misma como un epicentro para debatir públicamente el fenómeno fronterizo y estructurar pensamiento en torno a las fronteras debido a que nuestro entorno ya reúne esas condiciones. Por otra parte, hoy por hoy, el hecho de que haya atención global hacia esta frontera, ha facilitado que personajes y artistas de referencia que vienen trabajando el tema de fronteras, de composición social, colonialidad, seguridad, inclusiones y exclusiones, encuentren en Cúcuta un Potosí. Un lugar tan lleno de realidades críticas que coexisten, que se convierten básicamente en un laboratorio excepcional para construir pensamiento en torno a la frontera y para abrir ese espacio al debate ciudadano también. En otras palabras: la frontera es un espacio de pensamiento.

¿En qué intersecciones artísticas colombianas y venezolanas nos encontramos?

Primero que todo hay una cuestión regional y contextual, que es lo que entendemos por Latinoamérica, que está definida no solo por una serie de parámetros culturales compartidos, que luego se reflejan en la producción artística. Sino también por una concepción histórica o una sensación, a pesar de las distancias y a pesar de las diferencias de unidad y comunidad entre estas naciones. Venezuela fue durante muchos años, no solo el país más avanzado, técnica, industrial y comercialmente de Suramérica, sino que fue también el principal en desarrollo artístico.

Las instituciones culturales, el coleccionismo privado, la red de trabajo en  cultura, las infraestructuras, las producciones, el mercado doméstico de Venezuela eran una cosa excepcional hasta hace unos años. Y esto, comparado con un momento en el que Colombia atravesaba un periodo de proteccionismo económico, la diferencia era muy evidente, respecto al nivel de avance y de desempeño de un nivel artístico frente al otro. Sobre todo, el alcance público que podía tener esa producción cultural, frente al conjunto de la sociedad. No obstante, sí hay cuestiones que son irrevocablemente paralelas. Toda la comprensión colonial de estos territorios pasa por el mismo lugar, porque al fin y al cabo compartimos la misma historia, el mismo rastro, con respecto al reino de España.

Por otro lado, hay paradigmas sobre las maneras de hacer arte contemporáneo, que simple y llanamente son globales. Algunas porque las han globalizado, digamos la dinamización tecnológica de los años recientes. Otras, porque simplemente han sido sincrónicas y coincidentes en el tiempo. Prueba de ello es cómo en Colombia, a pesar de estar muy aislados, respecto a Venezuela en cuanto a las artes y la cultura, se desarrollaron las prácticas conceptualistas casi por ósmosis, sin estar nosotros en un circuito internacional.

Entonces hay dos parentescos claros: el de los rasgos comunes, que marcan una historia compartida y el de las maneras de abordar la realidad, que ofrece como dispositivo el arte contemporáneo.

¿Cómo será el canal virtual este año de Juntos Aparte?

2020 es nuestro canal virtual, que es toda la construcción de memoria y relato a partir de lo que ya se ha venido viviendo en experiencias de 2017 y 2019. Ese es el propósito de este año.

Es muy importante destacar que el evento es de carácter bianual, y está adscrito a Bienalsur, en la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de América del Sur. Nosotros entramos a Bienalsur en el año 2017, a través de una convocatoria internacional. Entre más de 2.500 propuestas de 78 países, fueron elegidas 36, una de ellas Juntos Aparte, en Cúcuta. De esas 36 propuestas que se eligieron en 2017, solo Juntos Aparte fue invitada a permanecer como un componente estable en la programación a futuro de Bienalsur. Ya en 2019, ante el impacto y el éxito ciudadano, el director de la Bienal declaró a Cúcuta segunda capital Bienal Sur, junto con Buenos Aires.

Esto es un bonito abrebocas para el año que viene.Juntos Aparte 2021propone la reunión artística gran colombiana, como manera de abordar esa efeméride del Congreso de Cúcuta y la fundación de la Gran Colombia. Por otro lado, Bienalsur ha invitado a Juntos Apartea construir con ellos una exposición en Buenos Aires, reuniendo lo mejor que ha tratado tanto Bienalsur como Juntos Aparte sobre temas de migración, frontera y movilidad humana.

Esto me parecía importante explicarlo como contexto general de la propuesta y para entender que la acción experiencial y física ocurre cada dos años en el marco de la Bienal, y que el propósito de este canal 2020 es, precisamente, sumarnos a ese consumo vital cultural que ha crecido de manera exponencial.

Si Juntos Aparte le da una respuesta artística a la coyuntura social de la frontera, Juntos Aparte canal virtual 2020 ofrece, desde ese lugar de anunciación de la frontera, una respuesta al confinamiento social y a la articulación de redes, informaciones y convivencias, a través de la distancia.

¿Cómo ha sido el trabajo con aliados para la creación de esta muestra? Por ejemplo, el apoyo de PAR de USAID y ACDI/VOCA

Ha sido un antes y undespuéspara Juntos Aparte, porque nos ha abierto la posibilidad de trabajar con organismos de cooperación internacional. Aunque ahora hay más, nuestro primer aliado en cooperación internacional fue PAR y esto para nosotros ha sido también un entrenamiento. Comprender cómo funciona este tipo de entidades, de programas y de organizaciones. Obviamente, eso le supone a uno una adaptación de lenguajes, de parámetros. Eso es un aprendizaje y un fortalecimiento muy importante que ha tenido la organización gracias a esa experiencia.

Además, se ha desarrollado una relación muy fluida, muy fructífera, en la que el programa PAR ha valorado el aporte que hace Juntos Aparte a la construcción de la convivencia, a la integración fronteriza, a la construcción y a la apuesta en valor de la memoria común como un legado que nos permite pensar un futuro más promisorio basado en la integración y en la equidad. En ese sentido, digamos, se ha convertido casi que en un hermano mayor en cierta medida.

¿Cómo ha sido el trabajo y la curaduría de las obras que han participado de Juntos Aparte?

La ciudad como escenario de los acontecimientos ofrece un núcleo que son cuatro exposiciones colectivas que están a solo cuatro calles entre sí. Lo que hacemos es activar nuestros edificios patrimoniales dedicados a la cultura, que son muy bellos y que, por primera vez, gracias a Juntos Aparte, se concibieron como un circuito, ya que están separados por muy poca distancia. En estos dos años lo que hemos hecho es generar una especie de cartografía completa sobre el fenómeno fronterizo, a partir de temas centrales que se complementan entre sí.

En el primer año hablamos de la restricción, de la migración, de la ciudadanía y de la movilidad, a partir de cuatro exposiciones que se llamaban: ‘La búsqueda del otro’, ‘Estado de Excepción’, ‘Mi Tierra’ y ‘Vaivén’, respectivamente. Lo que hacíamos era introducir a la ciudadanía de Cúcuta a una concepción general sobre lo fronterizo, en relación a la sociedad.

En el segundo año, avanzamos en esa construcción de relato, pero le dimos, por decirlo así, una mayor complejidad. Partimos de una exposición que se llamaba ‘Estado-Nación’, que abordaba este concepto como forma de organización política vigente, que es la que configuró lo que hoy entendemos como una frontera. ‘Entre toche y guayaba madura’, que es además un localismo, y la adaptación cucuteña de “entre tigre y burro amarrado”, fue una exposición que hablaba sobre los centros y las periferias. Sobre cómo se construye en el mundo ese relato de los ricos, los pobres, los desvalidos, los independientes y los dependientes. Es importante mencionar que, en la segunda edición de Juntos Aparte, incluso con los títulos, le apostamos a través de las exposiciones y los proyectos a conectar de manera muy diáfana y muy orgánica, con el relato regional y la identidad de aquí.

Luego teníamos ‘Sigan bailando, despierte al vecino’, quees una canción de las Billo’s Caracas Boys, orquesta mítica venezolana que habla sobre la integración de los pueblos de las Américas. Y usábamos este eufemismo para hablar sobre cómo la historia de la migración y la historia de la humanidad son la misma. Pueblos y culturas que se movilizan de un lugar a otro que intervienen sobre otros territorios, sobre otras sociedades y estas intervenciones no están exentas de fricciones.

Finalmente, ‘El puente está quebrado’,con la cual recorríamos una línea de tiempo que ponía en relación los hechos que han cambiado el modelo fronterizo, a nivel histórico desde el siglo XXI y cómo la producción artística de ambos lados de la frontera se ha venido haciendo eco de esto, creando un correlato del modelo de frontera a partir de la visión del arte contemporáneo. Este correlato, que es el que íbamos a llevar en modalidad de stand a la Feria del Libro de Bogotá, va a tener una presencia en nuestro canal virtual, a través de un podcast que desarrollaremos con el profesor Mario Zambrano. Ahí vamos a debatir la relación entre los hechos históricos de la frontera a escala global y regional y vamos, como si fuera un glosario visual, a crear un correlato o una ilustración de estos hechos, a partir de las obras de arte contemporáneo que en el mundo y en la región han reflejado los mismos hechos o fenómenos.

¿Qué obras le han causado impresión?

Hay obras increíbles. En el primer año tuvimos, por ejemplo, una obra de Adrián Paci, que es un artista albanés-italiano, muy importante y muy reconocido por su trabajo en torno a la migración. Tuvimos una video instalación excepcional. Tuvimos también a la obra de Patricia Gómez y María Jesús González, dos artistas españolas que trabajan en construcción de memoria, a partir de la arquitectura, que nos mostraron los éxitos de espacios de confinamiento de migrantes en Senegal, obras de un impacto enorme. Vimos la obra de Alexander Apóstol, venezolano, que nos mostraba el afán de los jóvenes homosexuales de América Latina, por salir de este continente y buscar un mejor futuro, gracias al apadrinamiento de un nombre mayor en un país del primer mundo.

En el año 2019, tuvimos una obra que impactó muchísimo que fue la del colectivo artístico español PSJM, que nos ilustraba a través de un mural a gran formato lo que parecía una composición caprichosa y bella con el tricolor gran colombiano, amarillo, azul y rojo. Cuando nos deteníamos y mirábamos la información que acompañaba al mural, nos dábamos cuenta que era una infografía o una traslación o una visualización de datos, sobre cómo ha transcurrido la migración colombiana en Venezuela y la migración venezolana en Colombia, desde la década de 1970 hasta nuestros días. Y es un golpe de ojo o una revelación sobre cómo la visión o la presión demográfica que hoy ejerce Venezuela sobre Colombia, que ha sido enorme en muy poco tiempo, vista en perspectiva sigue siendo nimia, comparada con el impacto que generó la presencia de sociedad y ciudadanos colombianos durante décadas, buscando un mejor futuro en Venezuela.

Otras obras que destacaría, sin duda alguna, la de Betsabeé Romero, artista mexicana, que hizo una adaptación de una obra que ya había preparado sobre la frontera entre Estados Unidos y México, en la que rompía hormas de madera para calzado y las atravesaba con una línea fronteriza, que era una manguera de neón. En el caso nuestro, ella unió con alambres, la fractura entre ambos lados de las hormas, básicamente para reflejar cómo en nuestro caso, a diferencia del paso de los centroamericanos hacia los Estados Unidos, no se trataba de un me voy, sino de un voy y vengo porque soy de aquí y porque ambos lados, son mi tierra. Esta obra me parece muy importante tenerla en cuenta.

Destacaría también el trabajo de Daniel Arévalo y del colectivo Calentado Producciones, que han sido quiénes mejor han podido documentar y retratar todo el proceso de expulsión de ciudadanía colombiana, con el cierre de frontera de 2015 y cómo transcurrió en un año y medio la transformación del modelo hacia el que luego conocimos del puente totalmente placado de personas transitando hacia un lado y hacia otro, cada día.

¿Cómo ha sido el cambio de estas exposiciones que antes eran físicas y ahora deben ser virtuales?

Este año no tenemos bienal, afortunadamente, porque seguramente hubiésemos tenido que cancelar, postergar, hipervirtualizar y hubiese sido muy complicado gestionar la contingencia, por no hablar de los recursos. Parte del respaldo que ha recibido Juntos Aparte, tiene que ver con que las empresas de la región, incluso teniendo escalas bastante modestas, han asumido un compromiso y se han apropiado de esta iniciativa como algo que nos compete y que nos conviene a todos en la frontera. Este año, por supuesto, bajo estas circunstancias habría sido impensable tocar la puerta al empresariado regional, enfrentando una crisis de esta naturaleza al golpe de la quiebra.

¿Cómo ha sido la recepción del público de todo este trabajo?

Soberbia. Si hay algo que nos ha dado pie para creer que nuestra iniciativa merecía la pena, ha sido esa respuesta, esa recepción, esa apropiación. La ciudadanía de Cúcuta ha padecido durante muchísimos años, todo tipo de flagelos. Y hay una masa crítica que exige, que demanda, que necesita espacios de fuga, espacios de participación, otro tipo de oferta cultural, otro tipo de vivencia ciudadana y por supuesto, que está comprometida con que estos escenarios, con que estas ofertas vayan de la mano con la integración social y con la convivencia. Aunque haya en estos momentos índices disparados de xenofobia, de aporofobia, etc. El ADN profundo del cucuteño y del norte santandereano, no se desliga de su cuota casi binacional. En ese sentido, creemos que la ciudadanía ha visto un reflejo de sus expectativas y que hasta ahora no había existido una iniciativa que pudiera darle cuerpo formal a esas expectativas, además de proveer unos escenarios para que esas acciones deseadas por esa ciudadanía pudieran ocurrir.