La lucha de un joven venezolano contra el hambre en Colombia

Daniel Albornoz es un joven de 20 años oriundo de Santa Bárbara del Zulia (Venezuela), que llegó hace un poco más de un año a Colombia. Con más expectativas que certezas, pero con una fuerte convicción por el futuro. A pesar de que la historia de Daniel pasa por una serie de circunstancias adversas, su ímpetu no se detiene. Apuesta por la solidaridad sin distinción de ningún tipo, tiene una fuerte vocación por servir, avocando todo su talento, tiempo y recursos a un solo propósito: alimentar a los más vulnerables.

Tuvo que abandonar los estudios por la situación económica, empezando a trabajar desde muy joven. Periodo en el que Daniel empezó su interés por la política. Perteneció a un partido de oposición y, a los 17 años, lo detuvieron junto con un compañero acusándolos por hechos asociados a las manifestaciones en contra del gobierno. A las 48 horas lo soltaron por ser menor de edad, suerte que no corrió su compañero quien estuvo privado de su libertad por 4 meses. Este hecho lo llevó a alejarse de la política. Aunque pasado un tiempo, quiso intentar de nuevo su participación en temas políticos. De nuevo, las persecuciones lo hicieron desistir, pero llevándolo a tomar una de las decisiones más trascendentales y definitivas en su vida: emigrar.

Contaba con alguien que lo podía recibir en Bogotá. Pero, pasado los primeros dos meses, el apoyo terminó. Daniel quedó a su suerte y sin conseguir aún un trabajo estable. Gracias al apoyo de unas amigas que le tendieron la mano, pudo tener posada por un mes mientras conseguía estabilizarse. Fue luego de seis meses que a Daniel se le presenta una oportunidad asociada a una de sus pasiones: la gastronomía. Asegura que desde siempre le había gustado, pero que por razones económicas no había podido estudiarla.

“En una ocasión me invitaron al Foro Arquidiocesano Semana del Migrante donde conocí la Fundación Ventanas, quien presentó el programa de Grado Harry. Me postulé y a los 2 días me llamaron”, cuenta. El programa Grado Harry de la Fundación Ventanas, que es apoyado por El Programa de Alianzas para la Reconciliación de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional USAID y ACDI/VOCA, brinda la oportunidad a los participantes de formarse en gastronomía desarrollando habilidades que luego les permita vincularse a nivel laboral. Sin embargo, dada la situación irregular de Daniel, no ha podido acceder a un trabajo formal. Le negaron 2 veces el pasaporte en Venezuela por su participación política y aquí lo ha intentado de múltiples maneras. Pese a sus esfuerzos, sus solicitudes aún están en el aire. No obstante, para Daniel esto no ha sido obstáculo. Su voluntad solidaria lo ha llevado a crear una iniciativa para ayudar a los habitantes de los barrios más vulnerables de Bogotá con la entrega de mercados, almuerzos y sancochos comunitarios.

¿Cómo surge la iniciativa?

Yo siempre he tenido la vocación por el servicio y la labor social. Entonces, en el programa pedí que me enseñaran a ayudar a las personas a través de la cocina. Una oportunidad que vi para unir mis dos pasiones, porque me gusta la gastronomía y servir a los demás. La primera actividad que hice fue en Usme. Conté con la colaboración de un donante anónimo que aportó 420.000 pesos y de allí saqué 15 mercados. Junto a mi esposa fui a entregarlos a varias familias de Usme y Ciudad Bolívar. Familias que ya tenía ubicadas porque también le estoy colaborando al Consejo Danés para los Refugiados, con los Puntos Focales de Protección. Después tuve la iniciativa de hacer un sancocho.

ACDI/VOCA apoyó a la Fundación Ventanas con unos recursos para entregar unos mercados a los participantes del programa Grado Harry, entregaron 3 veces. De esos mismos mercados empecé a repartir a los vecinos que lo necesitaban. Me alié con un señor que también estaba repartiendo mercados, logrando entregar 25 más. Los otros mercados que recibí los destiné solo para el sancocho, con el que comieron aproximadamente unas 200 personas. Conté con el apoyo de un señor que me ofreció 100 kilos de hueso. Utilizamos la mitad para hacer un sancocho en Ciudad Bolívar. El segundo sancocho fue en la localidad de Santa Fe, en el barrio Los Laches. Entre los 2 sancochos se han beneficiado más de 500 personas. Hay que destacar que las ayudas no han sido entregadas solo a personas venezolanas o solo para colombianas. Hemos entregado sin ningún tipo de distinción. Las actividades las realizamos con todas las medidas de higiene y elementos de seguridad (tapabocas, guantes, etc.) Salía una persona por familia y no permitíamos que tuvieran menos de 2 metros de distancia, cumpliendo las normas.

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A pesar de los gastos que genera la logística para el traslado de los alimentos, ollas, utensilios de cocina, entre muchas cosas más, Daniel no se detiene. Confiesa que ha usado de sus ahorros para llevar a cabo su fin: “no es nada fácil, pero cuando hay voluntad, todo es posible.” Siempre lo acompaña su esposa, y a lo largo del camino se han sumado más personas, entre ellos uno de los compañeros del programa de gastronomía, Edwin Escamilla, con quien hizo el sancocho en Los Laches.

Para Daniel, la xenofobia es una barrera mental generada a veces por un mal ejemplo: “Como dice el dicho, ‘por uno pagan todos’ pero, a veces no se trata de eso, sino de demostrar que no todos somos iguales. Demostrar que las fronteras solo son mentales, que la xenofobia solo puede existir en la mente, porque cuando se quiere, se puede. Cuando llevo a cabo esas labores, me gusta decir que soy venezolano. Siempre lo digo, así me pongan mala cara.”

Daniel lleva también lleva a cabo su iniciativa de Juntos por el hambre: la búsqueda de recursos para aliviar las necesidades alimentarias de los más vulnerables. Una iniciativa que se potencia durante la contingencia del Covid-19, pero que no se queda allí: él desea hacer de esta lucha contra el hambre su proyecto de vida.

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¿Cómo cree que saldremos de esta pandemia?

Por una parte, muy afectados. Pero por otra, con ganas de seguir. Porque mira todo lo que surge en medio de una crisis. Por ahí dicen que los momentos de crisis son los mejores momentos para surgir. Yo sé que después de esto vendrán cosas muy buenas y los proyectos que tengo en mente los voy a seguir, veré cómo consigo apoyo. Lo importante para mí es demostrar que, a pesar de que no estoy en mi país, de que estoy de manera irregular y a pesar de la contingencia, existe la posibilidad de salir adelante sin importar dónde o cómo uno esté.

¿Cuáles son sus metas?

Lo primero que tengo en mente es terminar de formarme. Me gustaría estudiar Trabajo Social y, más adelante, tener mi propio negocio. Me gustaría tener un negocio en Venezuela y acá, porque estoy enamorado de Colombia. De hecho, me enamoré aquí en Colombia. Mi meta más grande, que sé que es difícil pero no imposible, es acabar con las necesidades que muchas personas pasan por hambre. Por eso te hablo de Juntos contra el hambre, porque mi meta es esa. Es algo difícil de combatir, porque todos los días va a haber alguien que no tenga qué comer, en cualquier rincón del mundo, pero yo creo que es algo que se puede lograr, con buen trabajo, con organización. Esa madre que no tuvo qué darles a sus hijos y sabe que se van a acostar con el estómago vacío, es algo difícil, uno solo puede desear el bien a esa persona porque uno lo ha vivido.

 ¿Ha difundido la campaña de Juntos por el hambre por redes sociales?

Me gustaría, pero no cuento con los recursos, primero empezando por el celular. Pero sí lo he pensado, es una campaña muy buena y tendría muy buena acogida. Porque como te decía si en un barrio hay cinco familias que no tienen qué comer, con el apoyo de las otras familias que sí tienen y reuniendo esfuerzos entre todos, se puede ayudar a esas cinco familias. Entonces, yo creo que es algo que sí se puede lograr con una buena organización y un buen trabajo en equipo.

Si tuviera que decirle un mensaje a un venezolano que acaba de llegar al país, ¿qué le diría?

Primero, que haga el bien. Que por muy grande que sea la necesidad, no se puede ver uno en la obligación de actuar mal, que se la luche, que no se dé por vencido en el primer intento, que para adelante siempre haciendo el bien. Yo pasé cinco días fatales acá en Bogotá. En ese tiempo estaba estudiando, no tenía para pagar arriendo, no tenía pasajes, no tenía para comer y a mí me da más pena pedir para mí que para los demás. Entonces, dependía del curso: lo que cocináramos ese día, era lo que ese día iba a comer. Yo cuento eso, porque a pesar de la necesidad no tuve porqué obrar mal. Entonces la idea es esa, echar para adelante sin darse por vencido. Porque sí se puede salir de esas situaciones haciendo el bien.

¿Qué tendría que decir de Colombia?

Que es un país maravilloso, que me gusta mucho, estoy enamorado de Colombia. Mi abuelo decía algo: que la patria de uno siempre es el país que le da las oportunidades de crecer, de ser mejor, no solamente es el país donde uno nace. Entonces yo diría que mi tierra natal y mi patria son Venezuela y Colombia.