fbpx

La maicaera del ‘pelo bendito’

Por: Osiris Ceballos Garrido (Equipo de Comunicaciones Asangel).

“Pelo malo, no; pelo, bendito, sí”, es la afirmación con la que Yamaira Mejía defiende su caballera afro, que la conecta con sus raíces y la convierte en una defensora del movimiento que promueve entre las mujeres afrocolombianas la importancia de aceptar su cabello como uno de los rasgos más distintivos de su raza. Cabellera que ella luce con orgullo y glamour.

Yamaira es maicaera y cuenta que su transición a los cánones de belleza preestablecidos inició cuando apenas tenía 14 años: una tía la invitó a alisarse el fleco para que luciera “más bonita”. De ahí en adelante se convirtió en esclava de distintos productos químicos que le alisaban su cabello y la alejaban de su esencia.

“Hace dos años me mudé a Cartagena de Indias por temas laborales. Allí fue donde conocí todo lo relacionado con el proceso de volver a mi cabellera afro y esa ha sido de las mejores decisiones de mi vida. Porque no solo me ha permitido trabajar la autoaceptación, sino compartir las ideas con mi esposo y mis dos hijos. Hoy por hoy decimos con orgullo que somos una familia afro”, cuenta emocionada.

Esta arquitecta de profesión cuenta que a medida que fue conociendo el proceso de regresión a su cabellera real, a través de tratamientos naturales, sintió la necesidad de compartir su experiencia con otras mujeres que, como ella, en algún momento fueron víctimas de la burla y las adaptaciones obligadas a un estereotipo. Por eso, concibió la creación de un estudio de belleza especializado en tratamientos para cabelleras rizadas o afros, cuya definición varía dependiendo de la textura de la hebra y  atiende a una clasificación  con números y letras.

“Lo primero que hay que hacer para volver a tener su afro natural es estar convencida de querer hacerlo y, posteriormente, contactarse con personas conocedoras del tema para iniciar un proceso que pasa por sacarse de la cabeza que somos gente de pelo malo. Porque este pelo no es malo: es parte de la diversidad. Mientras el pensamiento va cambiando se hace un corte que varía dependiendo de las necesidades de cada persona pero nunca hay que raparse la cabeza como mucha gente puede creer”, relata Yamaira mientras explica cómo va sacando los pequeños rizos a su hijo de apenas dos años para que le vayan creciendo y próximamente tengo su afro.

Asegura que como afrocolombiana de nueva generación, tiene en sus manos el compromiso de exaltar su raza a través de sus rasgos: el color de piel y la cabellera. Pero por sobre todas las cosas fomentar entre sus hijos lo importante de aceptarse y quererse con las características que la vida les dio, porque aceptándose honran su origen, sus ancestros.

Yamaira hace parte de más de 4 millones de afrocolombianos que habitan el territorio nacional. Ella, llena de orgullo, celebra el día este día, comentando entre risas que pretender tener el cabello liso le tomó tiempo y dinero… y nunca lo logró. Por eso se enfoca en que la mejor opción para sentirse plena de belleza es aceptarse, sin querer parecerse a nadie, ahí el secreto para que los demás también te acepten.

La Asociación Salto Ángel contempla llegar a los colombianos, a través del mensaje “Tu puedes ser mi pana”, con el apoyo del Programa de Alianzas para la Reconciliación (PAR) de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y ACDI/VOCA; pretende destacar que la integración entre ciudadanos de distintas nacionalidades es posible, más aún si se considera la relación histórica entre Colombia y Venezuela y la cercanía geográfica de los territorios, que puede convertirse en argumento para trabajar por el bien común, pues al final colombiano y venezolano, bien riman con hermano.