Malena Bracho: la modista independiente

Este 5 de julio y ante la diáspora venezolana, los 209 años de la independencia de Venezuela se celebrarán desde distintos rincones y con gritos personales de éxito y libertad de quienes han encontrado luego de la migración, una nueva oportunidad para autoregularse y tomar sus propias decisiones, tal como la historia de Malena Bracho, una experimentada modista que cruzó la frontera a sus 62 años, para recuperar la autonomía por la que desde muy joven había luchado.

Por: Osiris Ceballos (Comunicaciones Asangel)

Hablar de independencia es hablar de libertad, es saberse listo para tomar decisiones propias y aunque actualmente el término suele asociarse mayoritariamente con la independencia personal, es uno de los procesos políticos que ha marcado la historia de una inmensa mayoría de países, tal cual hoy la conocemos.

Han transcurrido 209 años desde el 5 de julio de 1811, fecha en la que a través de la firma del acta de independencia, Venezuela se liberó de todo dictamen español y empezó a escribir su propia historia, con aciertos y desaciertos, tal y como le sucede a quien toma las riendas de su vida. Y aunque actualmente existen quienes cuestionan la celebración de la fecha por la crisis que atraviesa el vecino país, es una fecha para recordar que ser independiente es el primer paso para alcanzar el éxito.

Ese mismo éxito marca la historia de Malena Bracho, una migrante venezolana en Riohacha, quien resolvió cruzar fronteras para dar rienda suelta a su creatividad y seguir convirtiendo a través de la costura, rígidos patrones de papel en vistosos vestidos a la medida para lucir en ocasiones especiales.

“Desde muy joven he sido independiente, incluso antes de tener a mis dos hijos me enfoqué en conseguir una casa y carro propio y lo logré. Aunque renuncié a todo para dedicarme a la maternidad, busqué la manera de seguir generando mis ingresos desde casa y fue en ese momento cuando me reencontré con el mundo del corte y la costura que era algo que me gustaba y que desde niña había aprendido de mi familia”, relata Malena, mientras recuerda que habilitó una habitación de su apartamento para trabajar a modo de pasatiempo en la elaboración de trajes y uniformes para sus niños, aunque lo que lucían sus hijos tuvo tal aceptación que al poco tiempo comenzó a recibir tantos pedidos que en octubre cerraba la agenda de entregas de vestidos para las fiestas decembrinas.

Pero la crisis la golpeó tan fuerte que migrar con 62 años de edad y sin certeza real de qué haría en el país de acogida, no fue excusa para seguir aguantando. Quizá en algún momento cruzó por sus pensamientos que se convertiría en una carga para su hijo Rafael, quien llevaba bajo el brazo una oferta de trabajo profesional y fue quien la invitó a emprender esa aventura. Quizá temió perder esa independencia por la que desde muy joven luchó y alcanzó, pero se rehusó a doblegar su vida a 10 horas continuas sin servicio eléctrico, ni agua, en la ciudad de la producción petrolera que por años marcó la bonanza del país suramericano.

Malena habla con calma, su voz suave y delicada hace juego con las sutiles puntadas con las que borda los más mínimos detalles a cada encargo que le hacen, aunque la melancolía le hace cambiar el tono cuando recuerda sus últimos años en Maracaibo.

“La luz se iba todos los días a las 10 de la mañana y regresaba a las 8 de la noche, entonces yo me organizaba para trabajar de 8 a 1 de la mañana todo lo que era para coser a máquina, pero no era tiempo suficiente y muchas veces uno sentía que iba a quedar mal con el cliente. No había agua y el dinero ya casi no alcanzaba para comer. Perdimos incluso mucha masa muscular, por eso mi hijo me hizo la oferta de migrar y a los tres días ya estábamos en viaje. Agarramos la máquina de coser, algo de ropa y los documentos personales”, relata Bracho desde el apartamento que ahora habita, en una de las principales avenidas de Riohacha.

Su historia es ejemplo de que no importa la edad cuando lo que se desea es continuar adelante y haciendo todo correctamente. De hecho, asegura que la migración le ha permitido valorar mucho más sus conocimientos y continuar no sólo con la costura sino también impartir clases de confección, un proyecto que inició en Maracaibo y que hoy, a través de la diáspora venezolana le permite contar llena de orgullo que su método de confección se pasea por España, Chile y Colombia, los lugares donde se encuentran quienes fueron sus alumnas.

Malena cuenta con una clientela heredada de una compatriota modista que luego de varios años en Riohacha, se fue a Chile a reencontrarse con sus hijos, además se promociona dejando sus datos en los almacenes de telas y por las redes sociales. Incluso, a principios de 2020 viajó a Medellín para disfrutar del Colombiatex de las Américas, un evento que reúne a grandes diseñadores colombianos y una muy variada oferta de proveedores de telas, apliques, botones, hilos y todo lo relativo a la confección de prendas de vestir.

A principios de 2020, viajó a Medellín para disfrutar del Colombiatex de las Américas, un evento que reúne a grandes diseñadores colombianos y una muy variada oferta de proveedores.

La modista zuliana también ha contado con el apoyo de la Asociación Salto Ángel quienes a través de su Red de Apoyo Voluntario la han recomendado para que aumente su clientela. Además, a través del trabajo de articulación de la misma Asociación, han visibilizado la situación de Malena Bracho ante organizaciones como OIM, Mercy Corps, etc, logrando su inclusión en programas de beneficios para migrantes venezolanos.

La independencia y la migración desde la experiencia de Malena son altamente compatibles. Asegura que actualmente administra su espacio, su tiempo y su dinero. Lejos de convertirse en carga, se ha convertido en un importante apoyo para su hijo, no solo emocionalmente sino también en lo laboral pues ambos trabajan la confección, ella con moda femenina y él todo lo relativo a moda masculina, muy especialmente finas camisas elaboradas artesanalmente.

“Estar en ese evento me dio una visión distinta de mi oficio, durante esos días reafirmé que la confección es un arte; es llevar un elemento plano a un volumen perfecto y que mis años de experiencia son lo más valioso que tiene mi negocio actualmente. Yo no coso, yo convierto las medidas que se toman en el papel, en trajes llenos de vida”, relata la modista.

La migración marca un nuevo comienzo de independencia

Al respecto, Arlinthon Aruffe comparte su visión de la independencia asociada a la migración. Sus conocimientos como profesional de la psicología le permiten explicar que quienes migran salen huyendo de múltiples amenazas a su integridad y su vida, y allí inician un proceso de independencia personal que tiene sus bases en querer buscar mejores condiciones de vida.

“Cuando le enseñas a una persona desde la escuela que debe ser independiente y autónoma, le estás enseñando a ser exitoso, que puede aspirar a ser más, a ayudar a su familia y si ve que en su país no existen condiciones, se siente vulnerado, sin las necesidades básicas cubiertas, pues allí se activa el sentido de independencia y sale a buscar lo que su nación independiente o no, no te permite alcanzar”, detalla Jaruffe quien además es especialista en Derechos Humanos egresado de la Universidad del Magdalena.

El experto además señala que el comportamiento de cada quien está determinado por su personalidad y por su sistema de creencias, sin embargo, pertenecer a un país libre e independiente influye en la autonomía de sus ciudadanos a la hora de tomar decisiones.

“Hay gente que opta por la sumisión muchas veces por los temores de rebelarse a un régimen, pero todo va a responder a la necesidad personal y a la manera en que cada quien asume su rol individual, incluyendo la capacidad de autoregularse, de tomar decisiones que van a permitirle saber qué es lo mejor y qué es lo que menos le conviene, de acuerdo a lo que ocurre en su ambiente. La persona independiente no sólo toma decisiones sino que es razonable y escucha a los demás”, destaca el especialista colombiano, agregando que la migración venezolana es una gran muestra de independencia, de ansias de superación, pues en la mayoría de los casos todos salen porque las necesidades básicas no están siendo satisfechas.

La Asociación Salto Ángel contempla llegar a los ciudadanos colombianos, a través del mensaje “Tú puedes ser mi pana”, y con el apoyo del Programa de Alianzas para la Reconciliación (PAR) de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y ACDI/VOCA, pretende destacar que la integración entre ciudadanos de distintas nacionalidades es posible, más aún si se considera la relación histórica entre Colombia y Venezuela y la cercanía geográfica de los territorios, que puede convertirse en argumento para trabajar por el bien común, pues al final colombiano y venezolano, bien riman con hermano.

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