“Me gusta el trabajo social y quiero seguir ayudando a mi gente venezolana”: Zuneika Dhisnays González

Zuneika Dishnays González decidió dejar su natal Venezuela cuando fue evidente que la crisis económica, social y política no tenía pronta solución. Por eso, decidió emigrar con su hija y llegó a Barranquilla. En esta ciudad, según datos de Migración Colombia, habitan 97.651 ciudadanos del vecino país.

Ante esta magnitud de personas, Zuneika decidió poner su grano de arena, por empatía por los suyos y porque su esposo es colombovenezolano. Así, creó la Fundación Mujeres Sin Fronteras: una iniciativa que busca empoderar a las mujeres y a los niños migrantes en el territorio.

Esta es su historia en primera persona.

Hace cinco años comprarle a mi hija leche, pañales y comida era casi que una misión imposible. A veces tenía que pasar 12 horas en una fila para que me pudieran atender. La crisis económica venezolana estaba afectando a cada rincón del país y mi esposo y yo sabíamos que eso no era vida para nuestra bebé, que en ese momento tenía cuatro meses. Tampoco era vida para nosotros. Por eso, decidimos venirnos a Colombia. Mi esposo es colombovenezolano, hijo de colombianos. Afortunadamente contábamos con esa ventaja: teníamos un lugar donde llegar en este país.

Toda mi familia está en Venezuela: mi mamá, mi abuela y mis tíos. Desde que llegué a Colombia, en 2015, no he podido regresar a mi país. Más que todo porque la situación allá no ha tenido mejoría. Solo hasta hace dos años, pude ayudar a mi hermano para que también se viniera. Todos hemos estado, como dicen, guerreándola para tener un futuro mejor. Aunque no he tenido un trabajo fijo, siempre he tratado de conseguir dinero como independiente, vendiendo cosas o en proyectos. En mi país, yo era asistente de servicio al cliente del Banco de Venezuela y había recibido el título de Técnico Superior en Administración Tributaria, lo que aquí se conoce como tecnólogo.

Estar en un nuevo país y tener que comenzar prácticamente desde cero, fue algo bastante difícil para mí, pero tenía la motivación más grande: mi hija. Cuando llegué a Barranquilla, lo hice con mi pasaporte por 90 días y luego tuve que sacar otros permisos para extender mi tiempo en la ciudad. Aunque hoy no tengo la nacionalidad colombiana, cuento con visa de residente, por ser madre de una niña colombovenezolana, tengo mi status migratorio regular, que digamos que es un plus. No obstante, todos estos papeleos son realmente tediosos. Yo no tenía idea ni por dónde comenzar. Me tocó hacer todo el proceso sola y me sentía absolutamente desorientada.

Así nació la idea de ayudar a otros venezolanos que, como yo, estaban en la búsqueda de información y orientación en todo el tema migratorio, contactos y apoyo laboral. En enero del 2017 creé una comunidad en Facebook y en Instagram que se llama ‘Venezolanos unidos en Barranquilla’.  

Este grupo fue creciendo rápidamente y me iban identificando poco a poco como la administradora de las cuentas. Ahora las solicitudes eran más sociales, apoyos humanitarios, temas de salud, etc. Es ahí cuando decido iniciar todo el trabajo de campo: organizábamos integraciones donde reuníamos a toda la comunidad, nos conocíamos y eran espacios para brindar toda la asesoría posible. Además, algo curioso es que de esas integraciones surgieron amistades, parejas e incluso familias.

Es realmente satisfactorio para mí ayudar a otras personas. Es darle la oportunidad de ofrecerles a otros lo que yo también quería encontrar cuando llegué a este país. Me gusta el trabajo social y tengo el proyecto de continuar apoyando a mi gente venezolana, a largo plazo. 

Para finales del año 2017, llegó ACNUR a la ciudad a brindarle ese apoyo a todos esos líderes que como yo, habíamos organizado comunidades para apoyar a los migrantes venezolanos. Esto fue algo muy importante para la consolidación de estos proyectos. ACNUR, con su experiencia, nos hicieron todo el acompañamiento técnico, nos capacitaron y nos orientaron en la legalización y posicionamiento.

En esta etapa sentí que debía enfocar mi público. Sí quería seguir ayudando a toda la comunidad venezolana en general, pero así como veía que había otras fundaciones que apoyaban a los venezolanos, yo quería enfocarme en la población que para mí era la más vulnerable: los niños y las mujeres cabezas de hogar. En este sentido, nació la Fundación Mujeres Sin Fronteras: una iniciativa que busca lograr el bienestar y empoderamiento de las mujeres colombovenezolanas, mediante la integración de culturas, talentos y recursos para tener un impacto en la sociedad.

La Fundación se enfoca, principalmente, en el sector La Playa de la ciudad, que es donde vivo. Quise iniciar por mi propia comunidad, ayudando a todas esas mujeres que presentaban todas estas necesidades en las que se focalizaba la fundación. Hoy, desde octubre del 2019, estamos constituidos legalmente ante la Cámara de Comercio y cada vez más se nos suman profesionales colombianos y venezolanos que desean ayudar a quienes están en condiciones de vulnerabilidad.

Aunque toda esta labor de la fundación tiene prioridad en el sector La Playa, nos hemos extendido también a algunos sectores de Barranquilla y Soledad.

Para nosotros es muy gratificante ver a todas esas personas agradeciéndote, bendiciéndote, diciéndote que haces una buena labor. Creo que lo más hermoso de ayudar, son las sonrisas y la satisfacción del deber cumplido. Hemos tenido situaciones complejas, pero esto nos hace saber que aún tenemos mucho camino por recorrer y que nos falta mucho más por hacer. Pero seguimos trabajando fuertemente y buscando la manera de poder alcanzar a la mayor cantidad de personas que necesitan una mano amiga venezolana.

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