“No existen distinciones entre Colombia y Venezuela”: Thailer Fiorillo

Sin saberlo, una visita a la tierra de sus suegros se convertiría para Thailer Fiorillo en una residencia permanente en Colombia. Venezolano de origen, se radicó en el país y ante la falta de orientación para migrantes, dificultades para acceder a servicios y necesidad de capacitación, creó De Pana que Sí, una fudación que busca integrar a los migrantes dentro del tejido social colombiano.

Esta es su historia en primera persona.

Como mi esposa y toda su familia son colombianos, decidimos, junto a nuestros hijos, visitarlos y disfrutar de unas vacaciones el 16 de agosto de 2015. Pero en ese momento se estaba atravesando una situación política coyuntural: el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, rompió relaciones diplomáticas con Colombia. Sin embargo los papás de Iliana, mi esposa, nos insistieron por días que querían ver y pasar unos días con sus nietos: Anghelo y Heleng.

Yo creo que nadie dimensionó jamás que todo este tema de la frontera se extendería durante tanto tiempo. Nosotros, al ver que la situación estaba difícil en Venezuela, quisimos esperar antes de tomar la decisión de regresar. Además, como los niños estudiaban en calendario B en Venezuela, pensamos que podríamos quedarnos sin problema unos meses más, mientras todo pasaba.

Desde 2015 no he regresado a mi casa en Venezuela. Y es que en varias ocasiones intentamos regresar, pero hacerlo se convertía en algo bastante tortuoso porque había comenzado la deportación de venezolanos en el Norte de Santander y en la Guajira también. Se escuchaban además, casos impresionantes: abusos, violaciones y maltratos a las mujeres. Yo no quería arriesgar la vida de mi esposa ni la de mis hijos, metiéndolos en una trocha.

A mis papás en Venezuela sí les ha tocado vivir de cerca toda la crisis económica del país: la escasez de artículos esenciales de aseo y de alimentos. Ellos, de hecho, fueron quienes nos aconsejaron que nos quedáramos en Colombia, porque la situación iba empeorando cada vez más en la República Bolivariana. Por eso, para enero del 2016 tuvimos que tomar decisiones radicales porque no podíamos darle más espera al estudio de los niños. Los matriculamos en una escuela en Barranquilla y mi esposa y yo trabajábamos para lograr tener algunos ahorros mientras regresábamos.

Pese a que estábamos poco a poco organizándonos en un nuevo territorio, entre agosto y diciembre del mismo año (2016) atravesamos otra situación difícil: se me presentaron unos cálculos en la vesícula. Enfermarse en un país, donde aún no tienes toda la documentación para que el sistema de salud te atienda sin inconvenientes, es realmente una experiencia tediosa. Eso fue un golpe emocional y económico para nuestra familia, pero salimos adelante.

Afortunadamente, mientras estaba en los cuidados de mis malestares, el exalcalde de Barranquilla, Alex Char, implementó en esa época el tema del apoyo a los venezolanos a través de los Pasos y Caminos, una red de puestos de salud y hospitales que le presta atención a todas las personas. Pero esto no fue tan fácil. Creo que Colombia no esperaba tanto éxodo migratorio y menos los colombianos retornados. Entonces, para poder recibir la atención médica, era necesario diligenciar una declaración juramentada en una notaría, para que como venezolano pudiera ser atendido en los Pasos y Caminos en Barranquilla.

Yo soy abogado de profesión y, pues, era un papeleo al que estaba acostumbrado. Fui entonces a la notaría primera de la ciudad, para que, en caso de presentar nuevamente el malestar, pudiera ser atendido en un hospital sin inconvenientes. Una vez en el lugar, me doy cuenta de la cantidad de venezolanos y colombianos retornados que iban a sacar el mismo papel que yo. Era una fila casi que interminable y lo peor: ¡no avanzaba! Resulta que como era una medida que apenas se estaba implementando, ni los de la notaría tenían un documento modelo para entregarnos, no sabían ni de qué documento se trataba. Yo decidí, entonces, ir al café internet de al lado y redacté el documento.

“Esto es lo que necesitamos”, me dicen en la notaría. Me autenticaron la solicitud y luego, todos los que estaban en espera, se fueron detrás de mí para que los orientara. Ahí prácticamente es que nace mi labor como líder social, como dice el Chavo del Ocho: sin querer queriendo.

Luego de notar que existía esa necesidad de tener una comunidad entre venezolanos para fortalecer alianzas profesionales, culturales, filantrópicas y sociales, tuve la iniciativa de abrir una cuenta en Instagram y Facebook que hoy se llama Venezolanos en Barranquilla. Hoy, esta red, que cuenta con cerca de 12.000 seguidores, es una oportunidad para conectar a todos los venezolanos y ser además, un canal de comunicación de las últimas novedades de nuestro país. En ambas cuentas contamos con el apoyo de profesionales de todos los sectores que buscan ser parte de la solución.

Yo creo que cuando alguien está en un país diferente al natal, trata siempre de buscar esas comunidades para recibir orientación. Si tú eres colombiano y te vas a Madrid, por ejemplo, tratas de buscar y relacionarte con colombianos en Madrid. Lo mismo pasa si te vas a Chile, a Estados Unidos o a cualquier parte del mundo. Así funciona Venezolanos en Barranquilla, una red social que conecta.

Así, con el tiempo, nació la iniciativa de formalizar esta intención de crear comunidad y por eso, junto a mi esposa, consolidamos la Fundación De Pana que Sí.  La historia del nombre de la fundación es realmente curiosa. En Venezuela “de pana que sí” es una jerga que utilizamos mucho para reafirmar que algo es cierto. Un primo de mi esposa, que nos había ido a visitar a Caracas, le quedó gustando decir “de pana que sí”, y cuando hablábamos por teléfono o nos veíamos, siempre soltaba la frase. Cuando comenzamos a buscar el nombre de la fundación, fue inevitable recordar esta anécdota con el primo de mi esposa y sugerí a la comunidad que usáramos ese nombre y les encantó la idea.

Esta fundación nos ha permitido, con el apoyo de entidades nacionales e internacionales, brindar ayudas humanitarias a aquellos migrantes venezolanos y colombianos retornados radicados en distintos municipios del departamento del Atlántico. ACNUR ha sido uno de nuestros más grandes aliados y nos han fortalecido como fundación. Hoy, en De Pana que Sí, tenemos más de 30 voluntarios de diversas carreras, quienes aparte de atender sus trabajos, sacan un tiempo de sus vidas para atender a la población migrante.

En el segundo semestre del 2019 nació el Programa Nodriza, que es de nuestras iniciativas insignias y va dirigido a madres gestantes y lactantes que han tenido dificultades para capacitarse, recibir todos los cuidados y atenciones en esta importante etapa. A la fecha, hemos atendido a más de 600 mujeres en los municipios de Malambo, Soledad, Puerto Colombia y parte de Barranquilla.

Todos los casos prioritarios son atendidos por ginecólogos y profesionales de la salud venezolanos que son voluntarios en nuestra fundación. Con el apoyo de ACNUR y otros cooperantes realizamos toda la labor de apoyo psicosocial y protección. Además, orientamos a sus esposos o familiares en la búsqueda de empleos formales y capacitación profesional.

También hemos tenido la oportunidad de aliarnos con el Consejo Noruego para los refugiados, la Consejería Presidencial para la Niñez y Adolescencia, la Organización Internacional para las Migraciones, el Consejo Danés para los Refugiados, Humanity & Inclusion Colombia, la Cruz Roja, La Fundación Panamericana para el Desarrollo (FUPAD), Profamilia, entre otras entidades que cada vez se suman más a esta iniciativa.

Antes de la emergencia sanitaria que actualmente atravesamos, en una alianza que hicimos con la Corporación Universitaria de la Costa, utilizábamos sus salones para capacitar a estas mujeres. Hoy, nos hemos reinventado, creo que como todos hemos tenido que hacerlo. Ahora nos enfocamos en brindarles apoyo a estas comunidades vulnerables de venezolanos, con la colaboración de nuestros aliados, llevándoles elementos de primera necesidad: kits de aseo, alimentación e higiene.

De todas estas experiencias que hemos vivido en Colombia, siempre rescatamos lo positivo y agradecemos a este país porque acogió a toda mi familia y, además, a cada venezolano que hoy también ha tenido la oportunidad de progresar y salir adelante. Damos siempre las gracias a los colombianos por entendernos. Yo siento que hoy en día no existen distinciones porque entre Colombia y Venezuela ha estado presente una hermandad que nos ha unido, creo que desde nuestros ancestros y lo que hoy nos separan son líneas limítrofes y quizá la diplomacia.

Yo llegué hace cinco años, junto a mi esposa y mis hijos, con la intención de quedarme solo unos días. Vivimos momentos de incertidumbre, días difíciles y en muchas ocasiones nos desesperábamos por regresar a nuestro hogar, a nuestra normalidad. Pero, esa decisión de venir, marcó nuestra manera de ver la vida. Fundación De Pana que Sí es un reflejo de todo lo que ha significado para nosotros, como venezolanos, estar en nuestro hermano país, Colombia.

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