“No hay estudios ni evidencias que respalden la idea de que la migración quita trabajos”

En los últimos años, más de cuatro millones de venezolanos han emigrado de su país, según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados (Acnur). Este movimiento humano, el segundo más grande del mundo, después del sirio, está siendo estudiado, analizado e investigado desde diferentes aristas: académica, periodística, comunicacional, humanitaria, etc.

Ante esta coyuntura, Oxfam, una confederación internacional de 19 organizaciones no gubernamentales de los cinco continentes, decidió estudiar el caso migratorio venezolano en los tres principales países de acogida: Colombia, Ecuador y Perú. Así, entre febrero y julio de 2019 se realizaron una serie de investigaciones cualitativas y cuantitativas en estos territorios. El resultado fue el informe Sí, pero no aquí, publicado a finales del mismo año, y que recoge testimonios, cifras y resultados sobre la percepción de la migración venezolana por parte de las sociedades de acogida.

Los resultados son claros: colombianos, ecuatorianos y peruanos ven con desconfianza al migrante, a pesar de sentir al tiempo empatía por él o ella. Un rechazo que se agrava en el caso de las mujeres venezolanas, pues tienen que soportar el peso de imaginarios sexistas sobre ellas. Sin embargo, no todo está perdido. Como señala Pablo Rivero, parte de Oxfam, en la ambivalencia (el querer ayudar al migrante, pero verlo con recelo) está la posibilidad de cambiar las narrativas desde las comunicaciones y las políticas públicas. Sobre estos y otros temas habla Rivero en esta entrevista.

Este estudio le da un papel central a las emociones de las personas consultadas. ¿Las emociones por qué son importantes para entender el tema migratorio? ¿Cuál es la metodología usada para analizar esto?

El estudio está orientado a partir de una metodología que nosotros llamamos ‘Análisis de percepciones’ y bajo la Teoría de marcos. Esta teoría lo que nos dice no es algo nuevo, pero que sí ha cobrado bastante interés en los últimos años: el cómo la gente estructura sus posiciones a partir de percepciones, consumos mediáticos, experiencias y vivencias. Todo esto va moldeando la manera en que se forma una opinión. Entonces, con base en esto hemos desarrollado este estudio y hemos replicado un cuestionario y una guía cualitativa de otro estudio que se hizo en España, para estudiar la migración africana a Europa.

El apartado del machismo y del sexismo tiene mucha importancia en el estudio. ¿Esta arista cómo ayuda a entender mejor el fenómeno de la migración venezolana?

El apartado sobre machismo y sexismo partió de una referencia trabajada en la guía metodológica, pero no necesariamente central. Lo que pasa es que, al recolectar los datos cuantitativos, nos dimos cuenta de que el número era demasiado alto. Los registros de control nos reforzaban estos registros altos y, por lo tanto, modificamos la parte cualitativa del estudio para poder hacer una indagación más profunda de por qué se estaban dando estabas bases de violencia machista y estas percepciones sobre las mujeres. A partir de esta indagación más profunda, no solo encontramos datos, sino referencias, argumentaciones, percepciones y construcciones sociales sobre las mujeres venezolanas en los tres países.

Entre estas percepciones sobre la mujer venezolana que hay en los tres países, una de las principales es que la mitad de los encuetados la relacionan con la prostitución. ¿Estos imaginarios sexistas cómo entorpecen la integración de las migrantes?

Oxfam viene trabajando esta idea de los imaginarios que reproducen y alimentan la violencia machista. Son relaciones de poder, construcciones sociales y atribuciones físicas que se les dan a las mujeres venezolanas en los países de estudio. Esto está reforzando no solo un rol sobre ella, sino también una dificultad de integración. Aquí tenemos que añadir un elemento clave: las mujeres, además de tener este estigma de prostitución, tienen otro relacionado con esta frase que se decía mucho en los grupos focales: “las robamaridos”. O esta otra percepción de que son más atractivas. También debemos reconocer que hay otros estudios más específicos que hablan de las mujeres en la economía del cuidado, sobre todo informal. Cuando hablamos de “economía del cuidado” nos referimos a que son mujeres venezolanas que ante la precariedad con la que arriban a estos países, están incorporándose cada vez más al trabajo doméstico, al cuidado de ancianos y niños. Este tipo de caracterización es profundamente riesgosa, porque se está perdiendo capital social que podría aportar desde otros ámbitos, pero también se le está limitando y restringiendo derechos laborales, sociales, económicos y culturales a las mujeres migrantes.

¿Cuáles son las principales diferencias entre Colombia, Ecuador y Perú sobre la percepción de la migración? El informe deja la impresión de que hay más similitudes que diferencias…

Nosotros nos hicimos también esta pregunta y, la verdad, es que el estudio cuantitativo no nos daba conclusiones sustantivas. El creer que íbamos a encontrar más diferencias fue una hipótesis subyacente que teníamos al realizar el estudio. No fue así. Ahora bien, en los grupos focales sí identificamos algunas diferencias acentuadas en unos y en otros países. En Perú definitivamente hay más recelo y distancia frente a la población migrante. En Colombia hay una situación de polaridad, en el sentido de que se reconoce la situación venezolana; hay una empatía incluso con el contexto, pero al mismo tiempo está el rechazo. Esto lo atribuimos a que Colombia es la primera línea de salida y es el país con el mayor número de personas de Venezuela. Esto hace que, por supuesto, haya más casos de denuncias y de noticias falsas sobre la población migrante. No olvidemos el contexto colombiano de décadas de desplazados internos y de una serie de conflictos políticos que hay en el mismo territorio. Así, esta capa de flujo migratorios mixtos está complejizando un tejido ya complejo.

Hay toda una serie de imaginarios y miedos ligados a la migración (competencia laboral, inseguridad, afectación a la economía). En su opinión, ¿cómo se pueden combatir estas narrativas?

Esta es una pregunta difícil, en el sentido de que no hay una respuesta lineal. Lo que nosotros creemos es que se debe partir reconociendo y subrayando el aporte sustancial que está haciendo la población migrante, incluso desde la población que es económicamente informal. Un segundo factor sería el tratar de revertir las percepciones de que los venezolanos “están quitando empleos”. No hay estudios ni evidencias que respalden la idea de que la migración quita trabajos en estos tres países. Obviamente, hay una reubicación de sectores y una dinamización del sector laboral que es compleja. Otro factor importante es el de la diversidad cultural y el aporte multidimensional que hacen las personas migrantes: nuevos saberes, nuevas culturas, nuevos factores de innovación, nuevas habilidades, mayor diversidad. Todos estos son factores agregados que en el tiempo generan mucho retorno para la población receptora. Una cuarta línea importante es el del manejo comunicacional, es decir, trabajar con los agentes tanto generadores de políticas públicas como formadores de opinión. Muchas de las noticias tienden a acentuar una percepción xenofóbica al señalar por nacionalidad algún robo. Entonces, se violan derechos y se incentivan percepciones de xenofobia. Finalmente, creemos que es importante subrayar que los derechos no tienen porqué estar condicionados a la condición de nacionalidad y mucho menos de flujos mixtos.   

La experiencia internacional enseña que la migración tiene efectos positivos al largo plazo, ¿cómo explicarle esto a una persona del común que está preocupada por su supervivencia diaria?

Quizá no hay respuesta única, lo que nosotros creemos y alentamos es a entender las situaciones desde los niveles locales. Creemos que en estos niveles hay una enorme oportunidad de trabajo de integración y comprensión de la situación colectiva, también para reconocer que hay problemas que afectan a todas las personas y que la migración no ha sido la que los ha traído. La precariedad laboral ya existía, solo que se complejiza con la llegada de las poblaciones migrantes. El colapso de servicios públicos no es tal, sino que lo que está dejando de manifiesto es una deficiencia de los Estados para planificar y responder frente a al fenómeno en clave de derechos. Esto no afecta a unos u a otros: a todos. Lo importante es entender que las personas que llegan, en su gran mayoría, lo que quieren es exactamente lo mismo que las personas de acogida: vivir tranquilas, tener un trabajo, producir, pagar sus cuentas. Es decir, contribuir a sus familias y al entorno en que se insertan. Quizá en todo está el desafío, pero no puede ser solo un desafío comunicacional. Aquí es donde el informe quizá no alcanza el tiempo para hacer tanto énfasis. Por eso hablamos de comunicación y de políticas públicas. No se trata solo de retórica, sino de acciones concretas que en un nivel mucho más cercano y local pueda darles respuesta a las gentes sobre los cambios reales.

Da un poco la impresión de que a los migrantes los venezolanos los están usando, en estos tres países, como chivos expiatorios para obviar o justificar carencias que ya existían desde antes de la crisis, ¿es así?

Yo no diría chivo expiatorio. Yo diría que, narrativamente, se ha querido imponer en muchos países la idea de que los migrantes lo que hacen es quitar empleos, saturar servicios públicos, elevar la inseguridad, etc. Cuando todos estos factores en los países de estudio ya existían. Más allá del boom económico peruano u otras economías como la ecuatoriana, que ha estado más tiempo en recesión, está demostrado que los problemas preexistentes habían sido invisibilizados y se utilizan hoy comunicacionalmente por parte de actores políticos, como excusas para decir “ellos, los migrantes, son los que traen el problema”. Creemos que allí es donde está la dificultad. No es que sean chivos expiatorios, son más bien excusas.

¿Cuál debería ser el papel de los medios de comunicación en esta crisis migratoria venezolana?

Hay que hacer un tratamiento responsable sobre cómo abordamos los titulares, los derechos de las personas por encima del hecho noticioso y la ética periodista para comprender en qué contexto sucede la noticia. Un aliado como la Fundación Gabo está trabajando, no solo en guías y formación, sino también en discusiones y esto tiene que discutirse, pues es algo nuevo para la región. Esto es complejo, porque nos lleva a que los medios no tomen consciencia del rol clave que tienen en aprender a hacer un tratamiento específico de la noticia relacionada a la migración.

El estudio menciona varias veces que en Colombia, Ecuador y Perú la sociedad está dividida entre la solidaridad y el miedo en cuanto a los migrantes. Esta ambivalencia, ¿qué retos y oportunidades trae?

Más o menos el 60% del espectro amplio de la ciudadanía podría caracterizarse en estos términos ambivalentes. Esto quiere decir que en contextos donde hay tendencia a la polaridad, lo que sucede es que la gente tiene una posición pendular entre la solidaridad y el miedo, o entre empatía y sexismo. La sociedad puede convivir perfectamente con estas dos percepciones según la situación y según sea el caso. Por lo tanto, nosotros insistimos en que la ambivalencia es una oportunidad para influir en el imaginario, en la construcción de opiniones y en las percepciones para ir reduciendo progresivamente estos brotes de xenofobia. Lo que en estos momentos sucede, sobre todo en Colombia, es que una considerable proporción de la población caracterizada como ambivalente, está empezando a tender hacia la xenofobia que hacia la solidaridad. ¿Por qué? Porque pendularmente hay factores comunicaciones, de instrumentalización política y narrativas que están instalándose y reproduciendo la idea de la discriminación. Entonces, ahí creemos que hay una enorme tarea.