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Pedaleando por Colombia

Rafael Mata mira con nostalgia a sus dos hijos. Aunque exagera con el agua y el jabón, no se atreve a tocarlos, ni mucho menos a besarlos. Desde que comenzó la pandemia ha hecho más fácil la vida de miles de colombianos, pero también más difícil la propia. Él es uno de esos 20.000 rappitenderos que pedalean para que la vida siga. Llegó a Colombia hace tres diciembres desde el estado Anzoátegui, donde trabajaba como técnico de computadores.

Ahora su empleo, las 24 horas del día, permite que personas con alto riesgo, como adultos mayores o enfermos, puedan guardar cuarentena y recibir alimentos y medicamentos en sus hogares. Rafael lo ve así: “Siento miedo cada vez que salgo a trabajar, pero me alegra porque sé que estoy ayudando a muchas personas”.

Miles de colombianos y venezolanos no han parado para que el país pueda subsistir en medio de la pandemia. Domiciliarios como Rafael, que día y noche recorren las calles, son héroes de gorra y morral que, a puro pedal, abastecen a una ciudad que hace semanas vive de puertas para adentro.