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“Quiero echarle ganas a esta vida como músico”: Bernardo Bracho

A sus 23 años, ‘Bracho’, un zuliano que decidió venirse a Colombia en busca de una mejor calidad de vida para él y su familia, ha tenido la oportunidad de cantar para importantes figuras colombianas.

En esta historia en primera persona, Bernardo Bracho, relata sus experiencias vividas en Colombia y sus sueños de ayudar e inspirar a los venezolanos, a partir de su música

Llegué un 11 de enero del año 2017 a Colombia, buscando una mejor vida y quizá escapando de toda esa problemática que atravesaba Venezuela. Fui el primero de mi familia en tomar la decisión y eso implicó en ese momento abandonar mis estudios de medicina, no alcancé a terminar el primer año. Era eso o seguir aguantando esa presión de mi país.

Tony, mi amigo de toda la vida, me ayudó a ubicarme en Santa Marta y a conseguir empleo. A los quince días de estar aquí, comencé a trabajar en una plazoleta de comidas rápidas a cielo abierto, que está al frente del Ocean Mall. Ahí me fue muy bien, comencé a conocer gente y me gané su confianza. Entonces un día, se me dio por comenzar a cantar y les agradaba tanto a las personas que iban con su familia a comer, que el dueño del establecimiento, con quien tenía además una muy buena relación, me permitió tener mi propio espacio. “Muy buenas noches a todos los clientes de Depicnic, mi nombre es Bernardo Bracho y les ofrezco mi música. Éste es mi trabajo y todas las personas que me puedan apoyar, se los agradecería mucho”. Diciendo eso, iniciaba mi repertorio y fueron casi dos años seguidos donde me dedicaba todas las noches a trabajar en el food truck, haciendo algo que en mi país, lo tomaba como un hobby cualquiera.

Así comencé mi camino en la música aquí en Colombia. Hoy, cuando hablo con mi familia, no me creen todo lo que les digo que he vivido por cantar. Porque en Venezuela nunca lo hice como una fuente de trabajo. Así como dice el dicho: nadie es profeta en su propia tierra.

Una noche cantando en la plazoleta, tuve la oportunidad de conocer al coronel Andrés Robles y él me recomendó con una persona que se llama Alex Cotes. Ambos, son muy populares y respetados aquí en Santa Marta. Gracias a ellos pude irme relacionando, cantaba en eventos privados y me presentaron a importantes personas del medio. Entonces, en uno de esos eventos, conocí al gran cantautor Wilfran Castillo. Yo sabía que él había compuesto canciones para Felipe Peláez, Iván Villazón, Fabián Corrales, entre otras letras para artistas no solo de vallenato, sino de salsa, ranchera, merengue, bachata y tropicales.

Conocer a este importante compositor colombiano, fue un momento muy especial para mí. Tanto así, que esa noche yo le pedí que cantáramos El arroyito, una de las canciones que él compuso y grabó Fonseca. Bueno, en ese evento cantamos y a él le gustó muchísimo. Yo le conté mi historia. Le dije que era venezolano y que quería echarle ganas a esta vida como músico, que sabía que estaba empezando, pero que estaba dando lo mejor de mí.

“Bueno, Bracho, te voy a dar mi contacto porque quiero que estés conmigo en un evento el 25 de diciembre”, me dijo.

Cuando llegó el día, yo preparé mi sonido, porque sabía que no había contratado mi talento, que quería que lo ayudara en la parte técnica. Fue un show totalmente privado, el ingreso fue con todas las restricciones, hasta tomaron mi huella los vigilantes. Cuando terminé de instalar los equipos, me di cuenta que el evento era para nada más y nada menos que James Rodríguez.

Eso fue una total sorpresa para mí. Claro, tenía que ser profesional, yo estaba ahí trabajando para Wilfran, pero era inevitable emocionarme con tremenda figura. Antes que Wilfran terminara su show, mientras yo estaba atrás, con la consola y los equipos, él dijo unas palabras que creo que nunca se me van a olvidar: “esta noche yo quiero invitar a un amigo del vecino país que canta mejor que yo, y a los que cantan más que yo, no puedo dejarlos detrás de mí”. Ese momento me marcó profesionalmente ya que además de cantar junto a este compositor tan talentoso, James Rodríguez la figura del futbol más reconocida en Colombia, estaba ahí frente a mí, escuchando y disfrutando la música que yo cantaba.

“Bueno parcero, siga cantando”, me dijo esa noche James.

Todo esto pasó a finales del año 2018 y esta experiencia ha sido un impulso importante, porque llamó la atención de otros clientes y me permitió aumentar mi círculo social. Yo sé que aún no soy famoso, que estoy comenzando apenas. Pero me siento muy bendecido por todo lo que he podido vivir en un país que no conocía.

A mí la gente me pregunta que porqué Bracho, que es un nombre curioso. Pero es que en realidad es mi apellido materno. Mi abuelo fue un músico muy popular hace 50 años en Venezuela y su historia es muy similar a la mía: él se mudó a Cabimas, una ciudad del estado de Zulia, para buscar un trabajo más estable, pero su amor por la música lo marcó toda la vida y terminó siendo parte de la cultura del pueblo. Él fue cantante de un género que se llama “la gaita zuliana”, que es una música parecida a la llanera colombiana, pero con su estilo.

Mi abuelo le aportó mucho a la cultura regional y yo siento que estoy viviendo lo mismo, pero en otro país.

Luego de la experiencia con James Rodríguez, conocí a la familia Diazgranados. En especial, a la señora Manira Guerra. Ella también ha sido un apoyo profesional increíble y a través de ella también he podido conectarme con otras personas del medio.

En una ocasión, ella me invitó a un evento en Minca, a las afueras de Santa Marta. Y en ese lugar estaba ¡el Presidente de Colombia, Iván Duque!

Yo canté mis tandas y tuve la oportunidad de conversar con el Presidente. Ella le contó también mi situación y que además me habían cerrado muchas puertas laboralmente por no ser colombiano. A raíz de esa conversación, el Presidente me dijo que me iba a ayudar con la nacionalidad, como una forma de apoyarme en mi sueño de crecer musical y profesionalmente en este país que tanto me ha dado.

A los dos meses, viajé a Bogotá, y recibí mi nacionalidad colombiana en el Palacio de Relaciones Exteriores.

Yo sé que todo esto que he vivido en tan poco tiempo, parece increíble, sobre todo porque no conocía a nadie en este país. He sido agradecido por ese trabajo que pude tener en la plaza de comidas, porque por eso he podido crecer y aprender estos años que he estado en este país.

Hoy también soy colombiano y estoy dispuesto a seguir luchando por mis sueños. Aunque la pandemia ha sido una situación que nos ha afectado a todos los músicos, sé que saldremos adelante y quiero servirle también a aquellas personas de mi país, que como yo, están también luchando por sus sueños.