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Sopa de letras

Para darle contexto universal, hay un importante listado de palabras que existe en unos idiomas y en otros no: términos que no tienen traducción como la palabra portuguesa que significa nostalgia por la ausencia (saudade), o esa enorme angustia espiritual sin una causa específica (toska, en ruso). El libro de Ella Frances Sanders, Lost in translation, recopila palabras intraducibles desde el idioma tagalo al yidis, pasando por el árabe, el sueco o el japonés.

Sobre las palabras intraducibles Marina Velasco, en su artículo publicado en el HuffPost habla de lo interesante que es observar los elementos culturales de cada lengua. Dice, por ejemplo, que el idioma alemán encierra muchas referencias a la comida, mientras que el árabe tiende más a adoptar conceptos pasionales. Entre su listado de palabras aparecen algunas como la sueca mangata, que significa el reflejo de la luna como camino en el agua, y la japonesa tsundoko, que se refiere a comprar un libro, no leerlo y dejarlo apilado sobre otros libros no leídos. En portugués, la palabra cafuné significa el acto de acariciar el cabello de la persona que amas. Te puedes quedar akihi (hawaiano) si después de escuchar las indicaciones, las olvidas completamente. Bueno y si seguimos la lista se vuelve interminable.

Para no ir muy lejos, en nuestro caso colombiano-venezolano, nos pasa algo similar con una cantidad de palabras nuevas, sobretodo en el lenguaje político, que solo tendrían significado en Venezuela. Como lo dijo el periodista y escritor Leo Felipe Campos en la revista DONJUAN, se creó con el chavismo todo un lenguaje político con términos como escuálido (opositor del gobierno chavista), boliburgués (a los jerarcas bolivarianos, en teoría afines a un modelo socialista, pero algunos de ellos amantes y visibles exponentes del lujo y el consumo), guarimba (en venezuela es una violenta protesta callejera que interrumpe el tránsito y se instaló en la práctica de algunos opositores a Chávez desde 2003) o majunche (vocablo utilizado en el interior de Venezuela para referirse a alguien de poca calidad, deslucido y mediocre, como dice el diccionario de la Real Academia Española).

Y centrándonos en las palabras que significan lo mismo en Colombia y Venezuela, pero se llaman o nombran de manera distinta, tenemos mucho que aprender. En la Real Academia del colombiano-venezolanizado o del venezolano-colombianizado, a pesar de que hablamos el mismo idioma hay momentos en los que quedamos corchados. Por eso, cuando interactúan personas de los dos países es común que en ciertos momentos no nos entendamos ni jota. Es chistoso, se produce como un ruido, un espacio de silencio, un subir de cejas, un what?, un ¿qué dijo? Cuando se oye de algún lado una palabra que el otro no había escuchado nunca antes en su vida, normalmente se procede a hacer señas o a explicar con otras lo que se quiere decir, hasta que el otro dice: “Ahh, ya entiendo. Hablas de cotufas (maíz pira, para mí)”. En pocas palabras: ahí empieza uno a ver lo que nos diferencia, que es lo que nos une, al final.  

Aunque puede que nos de ladilla (pereza), aprender estas palabras nos harán la convivencia más amable y más fácil. Porque, si por ejemplo, un venezolano necesita saber donde está el puente para subir al trasmilenio y le pregunta a un bogotano por el elevado, ¿usted a donde lo manda?. Porque si va a hacer plan de amigos para ver las últimas series, no le van a entender ni jota si les ofrece crispetas y no cotufas. Porque si los invita a subir a Monserrate, a la hora de pedir un salpicón, usted y el vendedor quedarán locos si su amigo le dice que lo quiere con bastante cambur (banano), lechoza (papaya) y parchita (maracuyá). La buena y la mala suerte está medida por dos palabras: lechuo y mala leche en el mismo orden. A la hora de la conquista, los venezolanos son bien lechuo’s (levantan lo que sea). Y si tienen buen físico, a más de una chama (mujer) lograrán enamorar y no es coba (mentira), desde catiras (rubias) hasta carajitas (niñas) caerán rindidas a sus pies.

Pero, no todas las palabras son tan ajenas a las nuestras. A los venezolanos también les da arrechera (palabra santanderiana que significa bravura o molestia cuando las cosas no salen bien). También dicen chévere, para referirse a algo espectacular, buena nota. Como nosotros, se sienten achantados (bajos de ánimo), comen arepa cuando les da filo (hambre). También nos gusta llamar billullo al billete (la plata), también ponemos los cachos (somos infieles), pero lo más importante somos echados para adelante y vemos un chance como una oportunidad. Aprendamos de este glosario para que la convivencia entre hermanos no se nos vuelva una sopa de letras. Porque es más lo que nos une, que lo que nos separa, así que ahora usted tiene la palabra.

Comida

Aseo

Personas

Características y sentimientos

Lugares y cosas

Fuentes:

https://elpais.com/cultura/2017/01/10/actualidad/1484081657_383158.html

http://m.revistadonjuan.com/historias/escualidos-y-boliburgueses-vocabulario-de-la-revolucion-bolivariana+articulo+16589179

 https://www.amazon.com/gp/
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