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“Lo que tenemos es que entender las dinámicas propias de cada una de las ciudades”: Felipe Muñoz

La tarea de Felipe Muñoz es titánica: conocer más que nadie los 2.219 kilómetros de frontera colombovenezolana y estar al tanto de las vicisitudes que allí se viven para ayudar a coordinar soluciones entre Gobierno, cooperación internacional, ONG’s y liderazgos locales. Ese es su papel como gerente de la Frontera con Venezuela, un cargo que lo ha llevado hasta los diferentes municipios limítrofes con el vecino país para conocer de primera mano la magnitud de la crisis, al tiempo que ha viajado a diferentes escenarios mundiales para pedir ayuda internacional.

En esta entrevista con Colombia Sin Fronteras, Muñoz hace un paneo por la crisis migratoria, su evolución, sus perspectivas y sus retos:

Frente al nuevo mapa político que se trazó después de las elecciones locales, ¿cuál será la estrategia del Gobierno?

Ninguna administración local estaba preparada, como tampoco el Gobierno nacional para esta crisis. Nadie esperaba que esta tragedia pasara, pero ahora, con dos años de experiencia, nuestra obligación es tener una serie de pautas y recomendaciones para los alcaldes entrantes. La idea es que, de este modo, puedan incluir unos temas importantes y que podamos seguir coordinando con ellos a través de las mesas migratorias.

¿Cómo ha cambiado al fenómeno de la migración el que ahora los venezolanos no se encuentren mayoritariamente en frontera, sino distribuidos a lo largo del país?

Eso es una buena noticia, porque la migración no se quedó solo en unos cuantos municipios. Hoy el 32% de los migrantes se encuentran en los departamentos de frontera y el 68% en el resto. No obstante, aunque el impacto se distribuye, todavía hay unos retos. Solo la Costa Atlántica ha recibido 1 de cada 3 migrantes, además de 1 de cada 3 retornados. Y todavía hay diez municipios de frontera donde el porcentaje de crecimiento de su población, como consecuencia de la llegada de migración, va desde el 12% al 37%. Es decir, hay lugares donde la población ha crecido a una rapidez de una persona nueva por cada dos.

¿Cuál es la política de Gobierno en cuanto a los colombianos retornados?

Hay todo un programa que lidera Cancillería y que se llama ‘Colombia nos une’, que es un programa que está sustentado en una ley de retorno. Esta ley permitía que los colombianos que retornaban en su momento, sobre todo de España hace unos ocho o diez años, tuvieran unas vías expeditas de apoyo del Gobierno. La verdad es que esa capacidad institucional se nos ha quedado corta para el flujo de retornados que estamos recibiendo. Uno de los retos que todavía tenemos, una tarea pendiente en la que tenemos que hacer mucho más esfuerzo, es mejorar la capacidad de la oferta institucional, pero también de la Registraduría para poder atender a los retornados de la mejor manera. Tenemos un cálculo de que, más o menos, han retornado al país 400 mil retornados.

Con pocas perspectivas para una solución rápida a la situación política en Venezuela, ¿en qué momento de la crisis migratoria estamos?

El punto de inflexión es que no nos podemos quedar únicamente en el tema de la emergencia. Es decir, de atender el tema de la salud, de la educación, de las poblaciones más vulnerables, sino que tenemos que pasar a una respuesta más estructural porque esto es una estrategia de mediano plazo para Colombia. Así mañana se cayera el régimen de Venezuela, tenemos la certeza de que la mayoría de migrantes se va a pasar unos años más aquí. Por eso no nos podemos quedar en una respuesta únicamente de emergencia. Así que hemos pasado a una visión que hemos llamado de ‘Segunda generación’. Aquí está incluida la seguridad ciudadana y la inclusión económica, porque a estas personas las tenemos que integrar a nuestra economía para que esto pase de ser una crisis a convertirse en una oportunidad.  

¿Cuál es la posición del Gobierno en cuanto a seguridad ciudadana y migración?

Por obvias razones, cuando tienes más de 1.6 millones de personas nuevas en el país, los índices de participación aumentan en todo: en hospitales, escuelas, trabajo y, desafortunadamente, también en los delitos. Eso pasa, lo que es importante es poder entender que no son los causantes de las circunstancias de inseguridad en todas las ciudades. En algunos sitios sí puede haber unos contextos que ameriten alguna intervención, porque además no solo aumentan la participación de migrantes en delitos como perpetradores, sino también como víctimas. Hay sitios donde el asesinato contra venezolanos ha crecido. Lo que tenemos es que entender las dinámicas propias de cada una de las ciudades y poder actuar en consecuencia con mecanismos de prevención, de la mano de las secretarías de seguridad y las autoridades locales. Estamos hablando de que ser venezolano no puede ser un estigma, pero también reconociendo que hay que intervenir en ciertas zonas para que no se dificulte la convivencia ciudadana.

¿Cuál ha sido el apoyo internacional que ha recibido el país para hacerle frente a la crisis?

El apoyo internacional que hemos recibido no responde al volumen de lo que otros fenómenos migratorios en el mundo han recibido. Hoy por hoy, Colombia tiene 1.630.903 migrantes venezolanos con vocación de permanencia. A esto hay que sumar los que están en tránsito, más los que circulan en la frontera, más los colombianos retornados. El país, entonces, ha recibido alrededor de 380 millones de dólares en los últimos dos años. Pero las necesidades son ocho o nueve veces esa cifra. Por eso hemos salido a la comunidad internacional a solicitar más recursos. Esta crisis, y no lo dice el Gobierno de Colombia, sino entidades como ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), cuenta con muchos menos recursos que otras crisis similares alrededor del mundo.

¿Por qué el caso de Siria ha captado la atención del mundo y el de Venezuela no tanto?

Yo creo que hay diferencias sustanciales y cada crisis tiene sus particularidades. Esta es la única crisis migratoria que no es creada por una guerra o por una emergencia climática o por un desastre natural.  Esto es una crisis creada por el régimen de Maduro que ha pauperizado de manera tal a Venezuela, otrora el país más rico de América del Sur, que la gente tiene que salir a buscar oportunidades. El académico Alexander Betts de la Universidad de Oxford, visitó Colombia y dice que lo que hay aquí es una migración de supervivencia. Esa es la razón por la cual creemos que en muchos sitios no comprenden todavía muy bien cómo es posible que pueda haber migrantes sin guerra.

¿Y por qué no cambiar, entonces, el estatus de migrante a refugiado?

No, porque aquí tenemos una migración mixta: migrantes y refugiados, o sea, personas que requieren protección internacional y Colombia ha dispuesto todas las necesidades para que quien siente que lo necesita, ingrese al proceso. Pero es que Colombia y otros países de América Latina han sido tan generosos en cuanto a las medidas de protección, que el mismo ACNUR ha dicho que estas son medidas efectivas que pueden estar cumpliendo el mismo objetivo del estatus de refugio. Obviamente hay diferencias, pero en general en la región la demanda de este estatus no es tan grande como en otras partes del mundo.

¿Qué referentes internacionales tiene Colombia para hacerle frente a la crisis migratoria?

Aquí hay que asesorarse de los mejores, por eso mantenemos un contacto permanente con muchos think tanks externos que nos permiten analizar el cómo se han dado estos temas en otros países del mundo. Hay países con condiciones similares a Colombia que han tenido muy buenas experiencias, como Uganda, como Sudán, como el Líbano. Pero, hoy por hoy el modelo que está implementando América Latina está siendo mirando con bastante interés por muchísimos países del mundo. Y a nivel nacional, tenemos un grupo grande universidades de investigadores en instituciones públicas y privadas que están trabajando bastante el tema migratorio. Tenemos que fortalecer esa red académica porque cada vez surgen más retos en temas como salud, educación, convivencia, etc.

¿Hay alguna estrategia con los países vecinos para que esta crisis se maneje en conjunto y no de forma individual?

Sí, para eso está lo que se denomina el Proceso de Quito: la unión en la cual se han reunido las autoridades técnicas de los países de la región, sobre todo andinos (Colombia, Ecuador, Perú y Chile). Esto se hace con el fin de encontrar unos mecanismos comunes y ha habido cuatro de estas reuniones. Se han logrado avances, pero desafortunadamente las últimas decisiones de cada país, y que son autónomas, dificultan los procesos de coordinación.

¿Qué avances transnacionales ha habido en el tema?

Los ministros de salud se reunieron en Cúcúta y acordaron, por ejemplo, hacer una tarjeta de vacunación regional. Esto permitirá que la información de vacunas y de epidemiologías que se le tome a un migrante venezolano en Colombia, sirva para cuando vaya a los otros países y no dupliquemos procesos. Pero es vital el Proceso de Quito para coordinar los esfuerzos.

Las decisiones de estos países de endurecer sus controles migratorios con requisitos como visas, ¿cómo afectan a Colombia? ¿Qué retos imponen?

Doy datos para que entiendan. Por Rumichaca, la frontera sur con Ecuador, pasaban más o menos en los últimos dos años 2.500 migrantes venezolanos por día. Migrantes que cruzan la frontera colombovenezolana, cruzan todo el país muchas veces a pie y salen por Rumichaca. El fin de semana antes de que Ecuador anunciara oficialmente la medida, salieron unas 15.000 personas por ese punto. Hoy por hoy los albergues de Ipiales están completamente llenos, su capacidad para atender a mil migrantes se desbordó. Esto ejerce, obviamente, una presión en la frontera Sur y, desafortunadamente, la gente va a seguir pasando a pesar de que haya una restricción administrativa. Así que empiezan a pasar por trochas y cruces ilegales, generándose toda una serie de riesgos, tanto para los migrantes como para los países. Ese es un tema soberano de cada nación, pero desde Colombia creemos que necesitamos estar mejor coordinados en estos temas migratorios que nos afectan. 

¿Cómo ha sido el manejo de la población migrante indígena que ha llegado al país desde Venezuela?

Venimos teniendo una preocupación y hemos tomado unas decisiones para poder hacer un mejor diagnóstico de los grupos indígenas que han cruzado la frontera con Venezuela, los cuales en su mayoría traen niños en condiciones de salud muy críticas. Tenemos casos de pueblos indígenas como el Wayú, en La Guajira, el Barí, en Catatumbo, el Yukpa, en César y Norte de Santander, etc. Es decir, a lo largo de los seis departamentos de la frontera hay una presencia de grupos indígenas que se han desplazado de Venezuela a Colombia en unas condiciones complejas. Por lo cual le pedimos a la OIM (Organización Internacional para las Migraciones) el hacer un diagnóstico actualizado y, con base en esto, prontamente poder hacer un plan de respuesta diferencial para estas comunidades. Esto requiere recursos y esfuerzos institucionales. Pero, sobre todo, esto es otro de los rostros de la tragedia que se está viviendo en Venezuela.

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