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Un modelo de empleo inclusivo para migrantes y otras poblaciones

Desde el 2016, Fundación Corona, el Programa de Alianzas para la Reconciliación de USAID y ACDI/VOCA, y la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), a través de su Fundación, asumieron el reto de profundizar en el tema de desempleo en Colombia a través del Modelo de Empleo Inclusivo. Así, han trabajado para desarrollar una primera propuesta sobre el tema.

El resultado es un robusto documento titulado Informe Nacional de Empleo Inclusivo, en el que se muestran las barreras actuales que, día a día, diversos grupos poblacionales vulnerables enfrentan. Una de estas poblaciones es la de los migrantes venezolanos. Según datos de Migración Colombia, alrededor de 1.800.000 ciudadanos del vecino país residen actualmente en el territorio nacional.

Aunque hay cifras poco alentadoras (como, por ejemplo, que el desempleo entre los migrantes supera el 14.4%), con este documento se apuesta por un desarrollo que, desde las regiones y la articulación con diferentes actores, estimule la inclusión laboral de poblaciones vulnerables como la ya mencionada migrante; pero también a otras como mujeres, jóvenes, grupos étnicos, población víctima, personas con discapacidad y sectores LGBTIQ+.

La idea, así, es que a través de alianzas se diseñen mejores estrategias y metodologías que promuevan, efectivamente, el empleo formal de estas poblaciones vulnerables. Las mismas que históricamente han estado por fuera de las lógicas tradicionales de inclusión laboral.

Entre los principales hallazgos que reveló el informe, se encontró que la mayoría de los migrantes venezolanos son jóvenes en edad productiva: 1 de cada 2 migrantes está entre los 20 y 44 años. Según cifras del DANE, 8 de cada 10 migrantes venezolanos tienen como máximo nivel de formación la educación media. Asimismo, el estudio reveló que existe un desconocimiento de la oferta formal de intermediación laboral, considerando que de las 415.298 personas que en 2018 poseían PEP, el Sistema de Información del Servicio Público de Empleo (SISE) solo tenía registradas 48.557 personas migrantes.

Sobre esto, habla Germán Barragán, gerente de educación y empleo de la Fundación Corona, quien explica sobre cómo se encuentra la población migrante venezolana hoy sobre temas como el empleo y el desempleo.

¿Cómo se podría mitigar la brecha de desempleo considerando las oportunidades que plantea el movimiento migratorio venezolano?

Creo que hay una estrategia fundamental y es una particularidad que tiene la población migrante venezolana frente a las otras. Si bien todas comparten que su acceso al mercado laboral y su permanencia es menor, la población migrante contempla tanto segmentos de baja escolaridad, baja experiencia laboral previa y baja conexión, que es usual al resto de las poblaciones, pero hay un segmento muy importante que tiene experiencia en el mercado laboral de Venezuela. Así, tienen niveles de escolaridad más altos, que saben lo que significa estar en un cargo administrativo. Pero hoy, por restricciones, sobre todo de procedimiento, no logran encontrar camino en el mercado laboral. Hay un plan para eso: encontrar mecanismos para certificar su experiencia laboral previa y sus estudios. Mientras tanto, lo que debería pasar es que las empresas encuentren mejores mecanismos de reclutamiento para identificar el talento y la experiencia de estas personas, más allá de su estatus migratorio. En la medida en que las empresas abran esos canales de reclutamiento, muy seguramente estos segmentos que hoy están condenados a la informalidad, van a encontrar mejores alternativas, más atractivas en cargos que se acerquen más a lo que hacían antes y vamos a tener ahí una oportunidad para la migración.

¿Cómo esperan que se mejore la tasa de empleabilidad de los migrantes en Colombia  en este 2020 en comparación con años anteriores? ¿Se tiene alguna proyección en cifras estimada?

No hay una proyección. Sin embargo, algo está pasando con el fenómeno migratorio: estamos pasando de la crisis de corto plazo, crisis de atención humanitaria de respuesta en caliente, a tener que diseñar alternativas, políticas, acciones más pensadas. En la medida que esto ocurra, vamos a encontrar otros caminos para que la población se integre no solo laboralmente, sino en términos socioeconómicos. Muy seguramente eso se va a ver reflejado en la cifra de desempleo, pero también en las de informalidad.

¿Cuáles son los proyectos o programas que se tienen visibilizados por parte del sector empresarial para atender el tema de empleo a migrantes? ¿Hay algún número de proyectos mapeados?

El documento hace un esfuerzo por tratar de mapear las iniciativas que hay en muchas ciudades del país sobre empleo inclusivo. De hecho, uno de los casos que resaltamos en el informe es el caso de una caja de compensación en Bogotá, que ha hecho un diseño específico de servicios para población migrante, que nos parece es de los más exitosos. Pero, como ellos, hay más casos desde cajas de compensación, centro de empleos de alcaldías, programas de gobierno, cooperación internacional, fundaciones empresariales y familiares que en las ciudades están pisando con más o menos fuerza, y generando respuesta para la población. Yo creo que en la medida en que eso siga ocurriendo, el mapeo del ecosistema que hacemos con el informe, va a poder mostrar no solamente más iniciativas, sino también más aprendizajes: mejores prácticas más resultados, inclusive en ciudades donde no está pasando nada.

¿Qué hallazgos se encontraron respecto a los niveles de estudio de la población venezolana que llegó al país?

Varía mucho y hay dos cosas a tener en cuenta. Lo primero es que dependiendo de la época o de la oleada migratoria, los niveles de escolaridad son distintos. Lo segundo es que hay un subregistro todavía muy fuerte. Lo que podríamos decir es que, así como hay una parte de la población que tiene bajos niveles de escolaridad, y poca experiencia formal, hay otro segmento con escolaridad en unos niveles muy importantes, con una experiencia que nos invita a todos a diseñar políticas y acciones para ellos.

Partiendo de eso y de las oportunidades que esto genera, ¿se ha planteado algún tipo de campañas o iniciativas para hacerle frente a la xenofobia o discriminación en el sector empresarial?

Sí. Creo que como en pocos casos, el tema de la población migrante ha suscitado una serie de estudios, campañas y proyectos en los últimos dos años, como no había pasado con otra población. Sobre esto, mapeamos cerca de 20 documentos que hacen análisis de las dificultades que tiene la población, hacen mediciones de lo que posiblemente pueden ser señales de xenofobia. Las cifras que nosotros conocemos son bajas respecto a lo que ha ocurrido en otros países de América Latina. En general la acogida ha sido buena. Hay que cuidar los mensajes que se envían en términos de seguridad y las asociaciones que se hacen sobre este tema y la población migrante.