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Un vistazo a Paraguachón: la frontera más al norte con Venezuela

La gente va y viene, en oleadas, así el mar esté a varios kilómetros, al otro lado del departamento, en la orilla contraria de La Guajira. Al ojo no le queda fácil hacer un cálculo preciso. Pueden ser decenas o centenas de personas. Da igual, la frontera se hizo para cruzarla y eso hace la gente: traspasarla. En un inicio, hasta hace menos de veinte años, eran los colombianos quienes a través de Paraguachón, en La Guajira, viajaban a Venezuela. Hoy, la ruleta de la historia hizo una gambeta y son ellos, los venezolanos, quienes buscan en Colombia un lugar mejor, una segunda oportunidad.

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Paraguachón es un corregimiento del municipio de Maicao, en La Guajira. A aproximadamente doce kilómetros del casco urbano, está el punto fronterizo que lleva el mismo nombre. La primera población venezolana que hay, después del punto limítrofe, es el municipio de Guarero, parte del estado de Zulia. Y a poco de dos horas más de viaje por tierra, se llega a Maracaibo, la capital zuliana, y la segunda ciudad más importante de Venezuela.

Esta posición estratégica, que sirve de conexión entre dos naciones, ha hecho de Paraguachón un punto crítico de la actual crisis migratoria venezolana. El departamento de La Guajira tiene, según datos de Migración Colombia, 165.475 migrantes provenientes del vecino país. Los tres municipios de este territorio que más han recibido venezolanos son Maicao (54.536), Riohacha (52.486) y Uribia (9.074).  Se estima que mil movimientos migratorios se dan diariamente a través de este punto fronterizo.

Sin embargo, podrían ser muchos más. A lo largo de los 249 kilómetros de frontera que hay entre La Guajira y Venezuela, existen entre 180 y 200 trochas. Caminos clandestinos en los cuales, para ir y venir entre una nación u otra, no es necesario un pasaporte, un documento de identidad o un sello. Rutas porosas cuyo escenario de fondo son el desierto, el sol ardiente, las nubes escasas y un horizonte infinito, sin obstáculos, que se extiende mucho más allá de lo que el ojo humano es capaz de ver.

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La Transversal Caribe es una troncal de vías que conectan a Turbo, Antioquia, con Paraguachón. Una ruta vial de aproximadamente 841 kilómetros que atraviesa los departamentos de Antioquia, Córdoba, Sucre, Bolívar, Atlántico, Magdalena y La Guajira. Al final de este corredor, está la frontera. Y antes de ella, en una estrecha franja, la otra Paraguachón: la de los migrantes en sus puestos de ventas, la de los gritos que ofrecen alimentos, la de las onegés y la de la cooperación internacional.

Aquí, hay establecimientos improvisados que venden celulares de gama baja (de marcas desconocidas y sin pantallas táctiles, celulares que solo sirven para hacer llamadas y recibir SMS) por ochenta mil pesos. La tarjeta sim, para poder usarlos en territorio colombiano, son cinco mil adicionales. Una noche de hotel puede oscilar entre los veinte y treinta mil pesos. Un almuerzo improvisado, de arepa o empanada y jugo, cinco mil. De modo escueto y dejando de lado otras variables (número de días extras, otras comidas, gastos extraordinarios), los costos hasta aquí para un migrante venezolano serían de alrededor de 120 mil pesos colombianos. El salario mínimo de Venezuela es de 250.000 bolívares, sin bono alimentario. Es decir, unos $11.500. Con el bono alimentario, aumenta a 450.000: unos $20.700.

En otras palabras: para cubrir estos cuatro gastos básicos, una persona en Venezuela que gana el salario mínimo tendría que ahorrarlo completo durante alrededor de diez meses. Seis meses, si no gasta el bono alimentario.

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La presencia de oenegés y cooperación internacional en este trozo de territorio es palpable. Diferentes proyectos buscan generar nuevas sinergias, tanto para población local como para migrante. Este último es importante: los esfuerzos que se realizan no van dirigidos a beneficiar a unos sobre otros, sino a generar dinámicas en los que las personas con necesidades urgentes de salud, alimentación y techo puedan obtenerlas.

Por ejemplo, existe un punto de hidratación para que las personas que lo necesitan puedan beber agua. Esta es una iniciativa de la Unicef y la Fundación Halü Bienestar Humano. También aquí hay una instalación sanitaria con baños públicos, para hombres y mujeres, y equipada con un lugar en el cual cambiar pañales. Se dan insumos de aseo personal y su uso es totalmente gratuito (como en todos los casos). Estos baños son un proyecto de Unicef, Acción contra el hambre y la alcaldía de Maicao.

Por su parte, el Programa Mundial de Alimentos (WFP, por su sigla en inglés) hace presencia en el lugar. Diariamente, brinda almuerzo y desayuno a más de 2.600 personas (1.300 por cada comida). Este beneficio dura un mes y se hace mediante una verificación de datos e inscripción. Muchos de los beneficiarios son venezolanos que viven todavía en su país y que caminan hasta el lugar (algunos recorren trayectos de hasta dos horas).

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) tiene presencia en Paraguachón, con un puesto en el cual brindan orientación a los migrantes. Además, a unos 15 minutos en vehículo, está el Centro de Atención Integral: un lugar que permite a los migrantes descansar allí durante un mes y recibir servicios de alimentación, salud y recreación. Esto es posible gracias a la alianza de ACNUR, Presidencia de Colombia, Cancillería, Ministerio de Salud, Bienestar Familiar, Alcaldía de Maicao y donantes internacionales.

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