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“Vamos a enfrentar el Covid juntos, con los migrantes”

Juan Carlos Sierra hace parte de los jesuitas, una congregación religiosa cuya misión es ayudar a los más necesitados. Entre las poblaciones que necesitan solidaridad están los venezolanos, quienes han sido apoyados por la labor misional que hacen. Sierra mismo es venezolano y ha convertido su vocación en un motor para ayudar a sus connacionales. Esta es su historia en primera persona.

Nosotros somos una casa de formación teológica que se ubica en el barrio San Antonio, en la ciudad de Bogotá. Somos jesuitas de toda América Latina, pero también hay compañeros de África y de Estados Unidos. Durante tres años convivimos, nos formamos y hacemos proyectos teológicos en común. Entonces, cada uno tiene un trabajo pastoral que complementa su formación: en nuestros colegios, en nuestras universidades, en Soacha. Cuando llegamos hace tres años, el tema de la migración venezolana nos veía resonando por distintas razones.

La migración a nivel universal es uno de los grandes temas. Y a nivel de magisterios e iglesias también se vuelve una prioridad. No por nada el Papa Francisco ha insistido tanto en los migrantes. Así que como comunidad religiosa nos fijamos en esta problemática para entenderla. Sin embargo, también es importante destacar algo: yo soy venezolano. Así que soy sensible a este éxodo. Teniendo todo esto en mente, se le propuso al superior tener una acción pastoral, pequeña y sencilla, con la población migrante.

Eso se concretó en un inicio con una comunidad de resiliencia. Nos reuníamos el domingo, preparábamos una comida y teníamos un espacio para conversar cómo nos estaba yendo para tejer relaciones de amistad, para aumentar la resiliencia ante nuestro proceso migratorio. Con esa propuesta estuvimos dos años, concentrados solo en el apoyo básico social de los venezolanos, con un grupo no mayor a cincuenta personas. Se generaban redes de apoyo: ropas, contratos de arriendo, en algún momento alguna ayuda alimenticia. Sin embargo, en esta etapa nuestra prioridad no era la asistencia, sino el acompañamiento. Ayudar a la integración migrante para que puedan entender la cultura colombiana, además de ayudarlos en sus duelos.

Cuando llega la pandemia y se cierra todo, ya teníamos ciertas relaciones con albergues y residencias de venezolanos. Lugares con situaciones socioeconómicas bastantes críticas. Así que con esta situación del Covid-19 encima, advertimos que estas personas necesitaban nuestra ayuda y nos pusimos en actitud de cómo buscar una asistencia socioeconómica mientras dura esta realidad pandémica. Porque si queremos que respeten el distanciamiento social y se cuiden del virus, tenemos que echarles una mano.

En concreto, lo primero que hicimos fue pagarles a algunos venezolanos el arriendo durante lo que duró la cuarentena estricta. Y lo otro fue la alimentación, buscar recursos para ayudar a llevar un sustento alimenticio mientras no podían salir a trabajar. Sin embargo, fueron apareciendo otros temas como el de la convivencia: tanta gente junta en un solo edificio (en el cual pueden vivir 80 migrantes), obviamente pueden surgir roces y problemas.

Así es como nace el proyecto ‘Arrupe 2020’, un poco trayendo la experiencia que veníamos recogiendo de antes, pero ahora centrados en “vamos a enfrentar el Covid juntos, con los migrantes”. Aquí no nos salvamos solos. Tenemos que ayudarnos y ser solidarios, son nuestros vecinos y están en una situación de necesidad. Hay que estar con ellos. Empezamos a generar redes de apoyo y a recibir donaciones. Y la verdad es que ha habido una expresión de solidaridad enorme y afortunadamente no nos han faltado los recursos para satisfacer estas necesidades. De este modo, durante la cuarentena acompañamos a más o menos 200 migrantes, bien fuera con el pago del arriendo, con un mercado o con un acompañamiento y una conversación para subirles el ánimo.

Ahora que la cuarentena estricta se ha terminado, seguimos atendiendo un apoyo nutricional a niños. Ya no apoyamos en el arriendo, ya que pueden salir a retomar su vida económica, en cambio nos hemos enfocado en proyectos de emprendimientos. Si queremos apoyar a los venezolanos para que tengan una autonomía económica y un proceso de integración sano, debemos caminar hacia la generación de unidades productivas que se traduzcan en independencia socioeconómica. De este modo, y junto al Servicio Jesuita de Refugiados, creamos una propuesta de talleres de formación en actividades de emprendimiento y de fortalecimiento del capital humano.

La integración por encima del asistencialismo es un tema, en mi opinión, de justicia. El asistencialismo no es una relación simétrica y que a la larga no humaniza, sino que vuelve a las personas dependientes. Aclaro: la asistencia humanitaria es importante y hay que hacerla, claro, porque calma al hambre más concreta. Sin embargo, los esfuerzos no se pueden quedar allí, porque tú terminas no reconociendo al otro como un ser humano integral. No se reconoce al otro en sus capacidades humanas, profesionales, productivas, sociales y culturales, sino que se le impone el papel de un ser necesitado, siempre necesitado.

Es por eso que entendemos que la migración es una oportunidad para un país como Colombia. Un músculo económico que no podemos dejar desperdiciar. Así, queremos que los migrantes despierten toda su creatividad y su impulso de emprendimiento. Esta es una forma de reconocer, de manera integral, que el venezolano está en este país para aportar y hacerlo crecer.